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Pérdida del Hijo Único
Pesa el silencio de la casa; hay quienes dejan de salir para no llegar a una
casa vacía.
Se interrumpen o quedan truncos los proyectos familiares.
Se pierde la posibilidad de vivenciar otros roles: abuelo/a, suegro/a.
Aumentan las crisis en la pareja por los silencios y al incomunicación.
Hay que reubicarse y volver a adaptarse a estar en pareja; hay una gran
pérdida de interés en todo.
El acostumbrarse a la soledad puede llevar a perder contacto con familiares y
amigos.
Se rehuye de las actividades sociales.
Se puede hacer lo que se quiere: no levantarse, no cocinar; no hay nadie que
reclame nada ni nadie que salga perjudicado.
Cuando se empieza a estar mejor es costoso hacer algo por uno mismo, en
especial porque casi todo se hacía en función del hijo.
Hay una gran necesidad de encontrar otros padres en el grupo con el mismo
tipo de pérdida.
Se tiene la fantasía de que si hubiera otros hijos no sería tanto el dolor.
No se escuchará más la palabra Mamá o Papá; hay una pérdida de la
identidad.
Aumenta el dolor cuando la edad influye en la posibilidad de tener otro hijo.
En muchos casos es la pérdida de la continuidad biológica.
Fantasía de no tener quien los cuide en la vejez.
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