
Aún
cuando el dolor me agobia y hace de mí su presa más sumisa, aún así,
siento que algo dentro de mí queda en pie: es el amor que siento y sentiré
siempre por mi hijo. Y desde ahí puedo incorporarme y seguir. Porque
mientras yo siga seguirá Javier en mi sangre, en mi corazón, en los
recuerdos y hasta en las lágrimas. Mientras esté en esta tierra, Javier
vivirá en mí y el amor se sostendrá hasta el fin.
Por
eso siento la necesidad de agradecer a todos mis compañeros de RENACER,
porque todo esto lo aprendí de Ustedes y con ustedes. Gracias
por ayudarme a encontrar mi norte en este difícil camino que es esta
nueva vida que me toca vivir.
Por
enseñarme que no tengo que preguntarme más por qué ni hacerme
ninguna otra pregunta que jamás tendrá respuesta; a respetar la decisión
de Javier, a vivir en honor de ese hijo que tanto amo. A sentir que, de
distinta manera, está conmigo, que no perdí todo, todo, como antes creía,
que esta es la vida que me tocó y no la puedo cambiar por otra.
Gracias a todos por el amor puesto de manifiesto siempre, por tu mano que toma la mía cuando flaqueo y juntos tomamos el remo para que no me pese tanto. Por haberme enseñado a ir cambiando el sufrimiento, la bronca, la desesperación por una fuerza me impulsa todos los días a seguir. Por mostrarme que vale seguir adelante porque no todo es malo.
Acá encontré seres con una generosidad y una capacidad de amor que no había conocido antes. Gracias a vos por la palabra justa en el momento más necesario y a vos, que con tu caricia me cobijaste y me ayudaste a comprender. ¡Cuántas cosas aprendí! ¡Cuántas quiero seguir aprendiendo!
Gracias.
Por todo esto y por mucho más
Gracias
Javier, por ser mi hijo varón.
Les
dejo lo que tengo: mi corazón abierto y mis manos extendidas.
MIRTA, Mamá de Javier.