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El duelo y los hijos que quedan
Desde ellos:
se
sienten solos y abandonados;
sienten
celos del hermano muerto porque suponen que el amor de sus padres se fue con él, o entran en competencia por ese amor;
aparece
la culpa cuando la relación con sus hermanos no fue buena o cuando en vida de
ellos tuvieron algún pensamiento negativo y/o se sienten de alguna manera
responsables de esa muerte;
necesitan
que les reafirmen que no son culpables;
se
sienten a veces olvidados, no queridos y descuidados si ven, o imaginan, que no
pueden contar con sus padres;
muchas
veces sienten miedo a hacer preguntas, en un intento por preservarse y preservar
a su familia;
están,
como sus padres, doloridos, confundidos y asustados;
algunos
entran en un mutismo total con respecto a la muerte del hermano/a, como si
pareciera que nada los atraviesa. Otros, en cambio, se pasan el día llorando y
hablando de lo sucedido. Es importante hablar con ellos para acompañarlos y
acompañarnos en esta etapa del duelo.
Desde nosotros:
comprender
que los hijos que nos quedan también son especiales, únicos e irrepetibles
como el que se fue;
por tal razón, cada uno debe tener su lugar dentro de
nuestro corazón, ocupando espacios diferentes;
entender
que cuando ellos secan nuestras lágrimas, muchas veces, esconden las suyas para
no sumar más dolor al dolor;
darnos
cuenta que, a veces, aún con su corta edad, nos cuidan y nos protegen por el
amor que nos tienen y por miedo a sufrir otra pérdida;
ver
que ellos, igual que nosotros, se defienden del dolor como pueden;
aceptar
que nuestro proyecto de vida no ha desaparecido sino que ha cambiado;
no
dejar que la relación con los que quedan se resienta al punto que se produzca un
distanciamiento difícil de superar;
manejar
nuestros miedos para que nuestros hijos puedan seguir creciendo en libertad;
buscar
unirnos a ellos para transitar las etapas del duelo de la mejor manera;
respetar
su manera de elaborar el duelo;
ayuda
hablar con ellos del hermano muerto, hacerlos participar de nuestro duelo, de
los recuerdos y de nuestros sentimientos;
hacerles
saber que el amor por el hijo muerto no significa que ha disminuido el amor por
ellos;
ya
perdimos demasiado... no sigamos perdiendo.
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