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El Duelo

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El duelo en la pareja

El duelo y los hijos que quedan

Especificidad

Nuevo sentido de vida

Tareas solidarias

 

 

El duelo con respecto a familiares y amigos

 

Desde nosotros:

  se perturba nuestra relación con los demás;

  sentimos que no comprenden nuestro dolor;

  no entendemos sus actitudes

  queremos volver a convivir de la mejor manera pero no sabemos cómo hacerlo;

  nos molesta cuando nos dan consejos o, por no sufrir ellos, nos presionan a una pronta mejoría;

  todo lo sucedido nos trae emociones, sentimientos y pensamientos que son difíciles de trasmitir a quienes no han pasado por lo mismo que nosotros;

  solemos aislarnos;

  nos duele que eviten mencionar a nuestros hijos, que lo transformen en un tema tabú;

  solemos pensar que se han olvidado de ellos;

  como estamos en un estado de protagonismo descalificamos el dolor ajeno, comparándolo con el nuestro;

  somos ambivalentes: no queremos estar en familia pero, a la vez, nos quejamos si no nos tienen en cuenta o no nos convocan;

  nos molesta que se alejen o teman estar con nosotros;

  a veces nos sentimos culpables de no haber podido evitar su  muerte y pensamos que seremos juzgados... eso también nos lleva a aislarnos;

  comprobamos que algunos amigos se transforman en extraños y algunos extraños en amigos;

  aprendemos que está en nosotros hacerles saber a los que nos rodean lo que necesitamos y lo que nos ayuda a estar mejor.

 

Desde ellos para con nosotros...

  la muerte de nuestros hijos también les impactó pero con una intensidad y duración diferentes:

  se sienten, en muchos casos, incapaces de ayudarnos; caen en silencios prolongados porque no saben qué decir ni qué hacer;

  la desaparición de nuestros hijos hizo irrupción en sus vidas pero la recuperación es más rápida que la nuestra. Y a veces sienten culpa al continuar viviendo como antes de la pérdida;

  no les es fácil comprender nuestro dolor;

  sufren por no poder o no saber cómo ayudarnos;

  omiten nombrarlos o recordarlos delante nuestro en la creencia que nos harían sufrir, sin saber que nos hace falta hablar de nuestros hijos;

  no saben cómo abordar el tema de la muerte o les falta coraje para hacerlo;

  consideran que hay un tiempo establecido para hacer el duelo y que, transcurrido dicho plazo -que para ellos es más rápido-, deberíamos recomponer nuestras vidas;

  creen que nuestra recuperación es más fácil de lo que realmente es;

  nos mortifica cuando nos dan consejos como una forma de ayuda, instándonos al "deberías...", "yo te aconsejo.." o "si hicieras...";

  no entienden nuestros estados de ánimos tan cambiantes de ira, enojo, tristeza, dolor, angustoa, etc;

  pueden sentirse incómodos cerca nuestro; tienen miedo de causarnos más dolor o algo inapropiado.

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