
Charla ofrecida por el Rabino Sergio Bergman para
Renacer Buenos Aires
Congregación Israelita de la República Argentina
- 21 de octubre de 2004 -
En este lugar fue donde se construyó la primera institución judía en la Argentina: una casa comunal. Y en este Salón los viernes, al recibir el Shabat, compartimos con familias y con personas que no necesitan solamente el sustento sino también la dignidad de una fiesta y una mesa tendida. También va a abrirse, nuevamente, el museo judío para marso del año que viene.
Esto no es un lugar frío y es una manera de retribuir que nuestra comunidad encontró en RENACER, en lugares comunes, en iglesias, la calidez... y el retribuir y agradecer acerca nuestras relaciones, aunque diferentes en religión. No buscamos lugares neutros, sino espacios cargados de cada uno, de respeto, ya que sabemos que Dios es uno, es Padre y así nos asumimos, que nos cuesta tanto, y es tan importante en la Argentina... Somos hijos y, por lo tanto, hermanos.
Leo una oración para dedicar este instante a la recordación y a la memoria de nuestros hijos o hermanos, y con la esperanza de "Renacer" en nuestro dolor, con vida y esperanza.
"OH
DIOS:
Ayúdanos
a vivir con nuestro dolor:
la muerte nos ha arrebatado a nuestro ser querido y muchas veces
sentimos que no podemos seguir adelante.
Nuestra
Fe tambalea y nuestro Espíritu se pregunta ¿por qué la dicha termina en
dolor? ¿Por qué el amor tiene su precio en lágrimas? ¿Cuál es el
significado de esta pérdida?
Dios,
ayúdanos a vivir con nuestro dolor; a aceptar el misterio de la vida y de la
muerte.
Ayúdanos
a entenderte. Aún si nuestras preguntas fueran todas contestadas, aún si supiéramos
el porqué, nuestro dolor no disminuiría, la soledad permanecería más allá
de las palabras, nuestros corazones seguirían siendo una ofrenda destrozada.
Dios:
ayúdanos a sobreponernos; a transitar nuestro dolor; a soportar esta larga
noche de angustia; a caminar a través de la oscuridad con Fe en el mañana. Danos
consuelo; danos valor; ayúdanos a volver y a "Renacer" a la vida.
Juntemos
nuestras manos y nuestros corazones en amor al recuerdo. Lloramos, es cierto,
porque se rompió un eslabón
en la cadena del amor que nos unía, pero estas manos unidas nos van a
dar fuerza para venir a afirmar que el amor que compartimos en la vida supera y trasciende la
muerte. Por eso, aún en el dolor y en la pérdida agradecemos
por la bendición de la vida junto al ser que hemos amado; por los momentos
pasados y vividos en intensidad; por la fe que nos sostiene en la hora del dolor
y, con la esperanza que este ser tan querido, que no tenemos ya físicamente,
permanece en
nosotros y en nuestros corazones con una presencia viva.
Al
encender esta Luz, símbolo de la eternidad del espíritu, que no desaparece y
que se encuentra bajo las seguras alas de la presencia divina, sentimos que
nuestras almas se van a iluminar para proclamar con Fe.
Bendícenos
Señor. Que en Tu Luz encontremos La Luz.
A
la bendita memoria de nuestros seres queridos es que encendemos esta Luz. Señor,
que implantemos dentro de nosotros, la vida eterna".
Este
tiempo será el tiempo de algunas reflexiones, tal vez algunas reiteraciones. Las palabras y los conceptos se reiteran.
Como
la vida transcurre y uno se modifica, no tienen siempre la misma cabida ni la
misma significación, por lo tanto, no pierden su vigencia.
Aquellos
que son atravesados por la tragedia existencial de la muerte de un hijo o de
un hermano, pasan a una dimensión por la cual quien no está en esa
tragedia
con la que uno convive, el otro, que tiene su mejor disposición para decir cosas sensatas, amorosas, que
consuelan. Uno cuando lo escucha, internamente lo primero que procesa o
dice: "éste no sabe de lo que está hablando... no tiene idea".
Y
no es que no tiene idea porque no estudió los libros, porque no es un
filósofo o un psicólogo, o un médico o un buen amigo, o que nunca fue a la
facultad; sino que en la escuela de la Universidad del Dolor que trae la muerte,
no se diploma nadie que no la transita y no la muerte de uno, porque sobre la muerte de uno
nada podemos decir, sino la muerte de uno, que es ese ser querido que deja de estar presente, que uno lo percibe
y siente... Es que un pedazo de uno se murió
y que uno quisiera que todo uno se muera. Cuando digo se muera es desaparezca
de la dimensión de la existencia por la cual cuando uno existe y es conciente
de que una parte de uno murió, no soporta.
Y
no
porque no pueda reflexionar lógicamente de que la vida es buena y de que hay
que seguir con la vida, etc., etc. Sino que es la dimensión del todo dolor donde uno no puede
diferenciar que el otro, el hijo, el hermano es otro, sino que uno percibe que es uno y si bien nosotros decimos, lo lloramos porque él no
está y es cierto, también lo lloramos porque una parte de nosotros muere y
no somos nunca más los mismos ni somos ya reparables, ni somos ya lo que éramos, ni estaremos
completos. Nunca.
Es
como un umbral que uno pasó del cual no se puede volver. Y ni el tiempo, ni
los buenos consejos, ni la metabolización del duelo y el dolor nos dan de nuevo la llave para salir sino que nos dan el mapa para ver
cómo seguimos transitando este nuevo espacio: es un espacio de la vida
conviviendo con la muerte.
No
es lo mismo convivir con la muerte que conmorir con la vida. Convivir con la muerte es que uno sigue vivo y vive con la muerte.
No la muerte
como evento que sucedió en tal fecha y en tal circunstancia; no es el acontecimiento de cuándo la muerte
irrumpió sino que es la
presencia de la sombra que la muerte es ahora, que nos acompaña siempre.
El
otro escenario es el escenario que yo denomino metafóricamente "conmorir con
la vida", es decir que uno, en realidad, está todo cargado de muerte y no tiene
ninguna posibilidad de reconectarse con la vida y él es una sombra; no que la
muerte es la sombra de uno sino que él es una sombra sin ninguna posibilidad
de conectarse con nada que tenga que ver con la vida y la vida termina siendo un
saldo de tiempo que hay que transitar para que uno parta también, hasta con una
dimensión de dulce espera que ese momento llegue en el que uno pone y proyecta
en ese lugar todo aquello que ya uno sabe que perdió y que no tiene, el
reencuentro del ser querido, la posibilidad de la paz celestial un mundo por
venir, de la Fe, de la redención, de la misma resurrección.
Yo
estoy diciendo en este caso ni sí ni no: estoy diciendo que uno lo pone en ese lugar.
Cuando uno lo pone en ese lugar espera
acercarse a ese lugar y dice: "tengo que esperar el tiempo de llegar a ese
horizonte". Entonces,
uno está cargado totalmente con la muerte, pero no cargado como que uno lo
carga, porque eso es así, uno
carga la
muerte, la lleva con uno, sino cargado como que todo uno es muerte, algunos
ejemplos menos filosóficos y completos para medir esto es lo que demandan los
otros de la familia, vivos.
Nos
demandan, nos dicen "pará, yo estoy acá y yo te necesito en la
vida", "yo entiendo tu dolor pero no es justo", dice el que vive,
"no
es justo que vos te repartas tanto con la muerte que no te deje hacer nada y no
te podés conectar", y "tampoco con la vida".
Pero
uno no le contesta por la razón del otro que quizá la tiene, sino uno
contesta con su propia razón que no es la lógica de la razón, es la razón
de uno que viene del dolor, donde uno dice: "¿yo sonreír otra vez? No puedo, no me sale ¿Alegrarme por algo?" Apenas me sucede
enseguida hago la reflexión "¿qué estoy haciendo que me estoy
alegrando?", es una sensación de pérdida de fidelidad al pacto con la
muerte, es diferente al pacto con el amor que
se tiene con el amor de quien uno amó y que murió.
Por lo tanto, son dos dimensiones que están muy cerquita, muy pegadas, requieren un trabajo permanente en que uno tiene que ir realizando en la rutina de sus días y en el inventario del alma y sus sensaciones, cuánto uno está viviendo realmente, intensamente, aún con esta dimensión que inauguró para nosotros el drama muerte.
Dado
que el mundo ahora se divide entre los que están en esta dimensión y los que
no están,
la
primer sensación que uno tiene, natural, es que uno en esto está sólo. Uno
dice: "todos los que están alrededor mío no entienden
el caso como es y no se lo puedo terminar de explicar" y
"aún cuando quieren ayudar dicen cosas totalmente sin ninguna relevancia o
sentido" y uno se retrae y se aísla. El
que se retrae y que se aísla, conmueve. Ya no conmueve tanto, conmueve.
Sí,
para conmover al otro uno tiene que estar abierto al otro. Como les dije, uno
se recluye, se retrae, esa sensación tan natural, ¿verdad? Uno
que dice: "no me voy a levantar más, no quiero salir, no quiero
esto, no quiero lo otro"; suponiendo que si uno se da ese tiempo para estar con
uno recluido con su dolor se va a reparar para volver a salir y conectarse con
los otros. Y es inversamente proporcional. Cuando uno más se recluye y se
cierra sobre uno, menos posible volver a construir el puente para conectarse con lo otro.
Lo otro es la vida y
este trabajo de tener plena conciencia, que
no es justamente tener la ciencia exacta de cómo hacerlo, porque absolutamente nadie sabe
cómo hacerlo, pero aún sin saber cómo hacerlo, tener conciencia de esa
búsqueda ayuda a insistir y probar los caminos que tienen que ver con esta idea
de ¿cómo camino ahora en esta nueva dimensión?
Que sufro, me duele, busco respuestas a mis preguntas que siguen clamando todas las respuestas son construcciones, no son hallazgos y no alcanzan y no resuelven. Aún las respuestas que damos desde la Fe hay que entenderlas como la construcción, no pierden su validez por ser una construcción; no son una certeza, ("así lo quizo Dios", "está en sus manos", "está bien", "está mejor", "por algo se lo llevó"). Vuelvo a insistir: yo siempre cuido, lo recalco, desde la Fe hay que entenderlo que no lo juzgo, no lo cargo de valor correcto, incorrecto o inhumano. Lo describo, pero eso aún, quienes lo afirmamos o lo podemos decir desde la Fe hay que entenderlo como una construcción, no como una certeza porque frente a la muerte no hay certeza de nada; cuando digo certeza de nada es que la explicación o la respuesta ninca es ceretera.
La
realidad irrumpe con la muerte, eso es
certero. La muerte es muerte, el que estaba no está más como yo quiero, eso es contundente e irreversible y trágico y doloroso.
¿Qué
digo yo acerca de eso? Más iluminado, menos iluminado, más creyente, menos creyente, es una
aproximación, es una construcción, ¿qué fin tiene?
No
es el de resolver el enigma y el misterio de la muerte que es lo mismo que el de
la vida, sino
es construirnos el andamiaje para seguir sosteniéndonos y caminar.
Esas
respuestas que nosotros damos son respuestas de sentido, son necesidades
nuestras para seguir adelante porque si todo es un sinsentido entonces no
solamente murió el ser querido sino que murió todo. Es
darle el sentido que uno tiene, ¿verdad? No se terminó con él o con ella su
vida, sino
también la nuestra, no del punto de vista biológico o fisiológico, sino espiritual e interno.
Trabajarnos
interiormente sobre la conciencia de la muerte que es al mismo tiempo una
iluminación sobre la vida, porque la muerte nos hace las mismas preguntas que
debiera hacernos la vida. Por supuesto que quien no está atravesado por la
tragedia no se hace las preguntas y la vida transcurre.
Les
paso en limpio:
¿Qué
sentido tiene todo? ¿Todo termina así? ¿Quién define que vinimos y quién
cuando nos vamos? ¿Desaparecemos y nada queda? ¿Para qué vinimos y nos vamos?
¿Hay un orden superior que lo tiene todo planificado y
escrito? ¿Está
escrito nuestro destino? ¿Qué margen de maniobra tenemos nosotros para
modificarlo? Todas esas preguntas salen a la vista nuestra, frente a la inminencia que la muerte clama, estaban ya escritas
para la vida también, no necesariamente las hacemos, pero están, tienen la
misma validez. ¿Por qué? Porque la vida trae inscripta la muerte.
La
vida y la muerte son una unidad indivisible. El problema es que nosotros la
separamos virtualmente instalándonos en que la vida nos fue dada, no con la
muerte, sino que nos fue dada y un día viene la muerte y se la lleva.
A
la pregunta "¿cómo pudo suceder?", "¿qué explicación
tiene?"; "¿qué grado de participación tengo yo en ese suceso?", es la misma
pregunta respecto a ver "¿cómo naciste?" Ninguno de nosotros hemos sido
consultados para venir, sin embargo lo tomamos como un hecho inherente a nuestra existencia irrefutable,
"está bien instalado el que nací", "que vine a este mundo es mi lugar y corresponde",
"así tiene que ser"
y a partir de ahí camino, camino hacia dónde, ¿hacia dónde uno camina? Uno
camina ilusoriamente hacia la eternidad, es cierto.
La
gente se muere, a alguien le pasa, uno no reconoce que mientras va viviendo su
vida también va muriendo su muerte. Y
en cada
instante debe ser agradecido y reconocido en un Renacer; cada día es un Renacer, cada día es un regalo de la vida, ¿por qué?
Porque
uno completó un día sin morir, es la perspectiva contable totalmente diferente.
Cuando uno transita los días
contándolos cada
uno como una bendición, que lo que uno tiene como Don, que cuando uno pone en
la cuenta que todos los días están por venir para uno, como un derecho
adquirido y que es injusto y que no corresponde que esa cuenta se detenga.
Sí,
es injusto y no corresponde porque ninguno de nosotros quiere partir. Aunque
uno lo
tenga re claro todos los días que nos vamos a ir, eso no alcanza. Porque nadie
acepta dócilmente, sumisamente, que nos vamos. Pero la muerte que es la vida
también, se ocupa de hacer el trabajo pedagógico y didáctico de decirnos que ella estaba instalada y que estaba ahí, sólo que se nos revela con
toda la crudeza y con todo el dolor.
A
partir de esa revelación de la
muerte que estaba, uno se rebela,
pero con "b" larga, hace su
rebelión que es el primer
estadío necesario
e imprescindible para la salud de uno. Porque el que no se rebela frente a la
muerte entonces tiene un problema que yo creo que es un
problema sumamente serio tanto como la muerte misma. Quien frente a la muerte no
dice nada, no se quiebra, no se mueve, no se rasga, no se desgarra, no se pone
en una situación de que ya no es más él, y por lo tanto clama, sindica, lucha
para saber qué hacer ahora, entonces ya está muerto, muerto en el sentido de
entregado; a que nosotros somos seres de sentido, que sentimos; y lo emocional y
lo que sentimos es tan legítimo y válido como lo que razonamos y pensamos.
"¿No entendés que tenés que dejar de llorar?", "¿no entendés que tenés que hacer esto?", "¿no lo entendés?", "¿no lo pensás?" ¿Qué tiene qué ver lo que yo puedo entender con lo que estoy sintiendo y lo que me brota? y me estoy volviendo loco, espontáneamente y naturalmente y auténticamente en mi dolor. "¿Se entiende el dolor?" "¿Siempre?"
Las
cosas ¿pasan porque las entendemos o las transitamos mejor porque las
entendemos? En algunos casos sí y en otros casos es inútil, porque no tiene
entendimiento pero tiene mucho sentimiento y
la necesidad de sentir y hacer sentir y compartir lo que uno siente
es justamente lo que nos saca del aislamiento, porque uno aislado no solamente
sufre sino que, además, no encuentra el consuelo.
Cuando
uno no está sólo y está con otros sufre igual, porque uno no va a dejar de
sufrir, pero recibe consuelo, no porque alguien le contestó la respuesta o
alguien entendió, sino porque hay un abrazo o una mano; hay un otro sensible
que siente que se conmueve con uno, se mueve con uno en la misma dirección y
ustedes lo saben sentir bien, lo saben dar bien y ahí en el lugar donde se
pensaban que estaban solos y aislados y eran los únicos empiezan a reconocer
en otros de que no era sólo el caso de uno que estaba fuera de la norma, sino
que parecería ser que esto que nosotros en algún momento
supusimos lógico, que son los hijos
los que entierran a los padres
y no al revés, eso es lo natural, eso es lo que debía suceder,
hay evidencia que no es lo que sucede. ¿Sucede en la mayoría?
¿Sucede
en un porcentaje?
Cuando
el otro hace algo transitando el dolor de la muerte me guía a mí como un faro
pero no para seguirlo por la misma ruta, porque el faro no hace eso.
Pero
nosotros no somos formados, ni educados ni cultural ni espiritualmente, para
saber hacer algo con la muerte. Es más,
el origen de las religiones tienen mucho que ver con esto. No sabemos qué
hacer, por lo tanto se la dejamos encargados a esos que no tienen
existencialmente, otra opción que confrontarse con la muerte. Entonces
empezamos como a dividirnos; aquellos que no tienen opción y tienen que hacer
algo con la muerte y aquellos que mientras tienen la moratoria, la bendición de
que la muerte no los toca siguen en la ilusión óptica que eso no es de ellos.
Un
excelente ejemplo es lo que pasa
o lo que hacemos con los chicos, con los niños. En
nuestra posición necia adulta infantil, porque como adultos somos muy
infantiles donde tratamos de preservarlos ¡cuando ellos son
maestros! Los chicos son
maestros y en todo el tiempo nos ocupamos ordenadamente de arruinarlos.
Pero, originalmente son maestros en su sensibilidad, en la percepción, en que
saben o entienden
todo sin las palabras. Uno no sabe como armarle las frases y ellos entienden
todo. Fueron y vinieron.
Incluir
en nuestra conversaciones a la muerte cómo natural. Pero ¿natural cómo? Natural como la naturaleza, pero es
una tragedia.
Cuántas
veces vemos a nosotros y a otros levantándonos cada mañana con quejas, con
demandas y reclamos.
No
es consuelo. No es compensación ni explicación, ni alivio. Eso es justamente trascendencia
y se abre una nueva dimensión que es así como hablamos hoy de
cómo
convivir con la muerte y soportar el dolor ineludible; como al mismo tiempo,
trabajamos la trascendencia de quienes amamos, porque es nuestro compromiso con
ello, con la vida a pesar de la
muerte. Hacerlos
trascender. Que no es por supuesto nada fácil. Tanto los amamos, que nos y se
los debemos. Quien renuncia al
trabajo de trascendencia del ser
querido en el amor, porque está sumido en su conmorir y desvía toda su energía
a sufrir y a doler; entonces, además que hace una mala elección, hace algo que
no permite que quien partió físicamente siga vivo en la trascendencia, en el
recuerdo de la memoria y del amor.
Misterio
es cómo lo hacemos. Pero que nosotros estamos acá por el amor que compartimos
y nos debemos mutuamente y que no vamos a bajar los brazos ni entregarnos
nosotros vivos también a la muerte porque sino mueren dos veces; es
justamente aquello que nos permite a nosotros no reparar ni explicar sino avanzar y
trascender.
También
tenemos que trabajar qué significa la trascendencia en el Amor. El Amor de por
sí, es una convención. Decimos amor y decimos sí, sí, sí,
pero... no podemos describir al
amor dos personas de la misma manera.
Nosotros
tenemos conciencia y experiencia que sin amor, no existiríamos en
este mundo, porque el amor nos sostiene, el amor queda. No tiene mayor
importancia como lo definimos. No es la convención o la definición del amor lo
que le da entidad al amor. ¿Qué
le da entidad al amor? La
experiencia de amar y ser amado, inexplicable e intransferible. Pasa
algo parecido con los otros términos; con Dios pasa lo mismo, ahí no
tenemos tanto acuerdo de su existencia, pero
no tiene importancia cómo lo definimos; lo
mismo pasa con vida, lo mismo pasa con muerte.
En
el amor, justamente, es donde se da todo. Por
que en el amor se nos va la vida y
en el amor se nos da la posibilidad que aún sin vida estemos, presentes, unidos
o vivos de otra manera.
Porque
hay una parte de quienes murieron que vive en nosotros porque los amamos y
porque los recordamos. No la parte que nosotros queremos, que es la presencia
física
-una parte de ellos que trasciende en nosotros- ¿y de dónde viene esa
parte? ¿Viene de la presencia demostrable, física, magnética, espiritual?
Viene
de la presencia, porque nosotros portamos y llevamos con nosotros la experiencia
de que los amamos y porque los amamos entonces están en nosotros. No digo los
amamos en término del pasado, digo en el término del presente, los amamos hoy,
porque el amor no hace referencia a la acción pasada, es una vinculación con
el ser del otro, que sigue vigente porque lo amamos.
En
el
día previo, anterior a partir, nosotros no estábamos todo el tiempo con ellos
ni lo teníamos encima nuestro todo el día. ¿Qué era lo que teníamos? Teníamos
la tranquilidad, esa paz que tanto extrañamos, de que había un ciclo de horas,
de días, donde lo podíamos volver a ver y al volver a verlos reafirmábamos
lo que habíamos compartido y lo que sentimos y lo que hacemos.
Porque
cuando uno ama internaliza al otro, se lo pone al otro en uno y nosotros habíamos
pasado los días sin tenerlos con nosotros, pero en el corazón, en la
interioridad, sabíamos que estaban y ¿quién más que nosotros necesita
tocarlos y que estén presentes?
Yo
trato de decir, explicar esto con cuidado pero tengo que decirlo. Todos
nosotros vinimos por el tiempo en el que estamos y después nos quedamos en los
que amamos y nos amaron.
En
el balance de tanto dolor, para no saber de este dolor, para no vivir en la
tragedia, ¿cuánto queremos rebobinar la película de la existencia?, si pudiéramos
volver a editar, ¿queremos rebobinar hasta el cuadro anterior del evento por el
cual partieron? O
sí
querés evitar todo tiempo, o sí querés evitar toda exposición al dolor que
viene con el amor y a la muerte que viene con la vida; ¿no deberías rebobinar
toda una historia hasta que llegues al punto de en el cual no los traés y no
están? Eso sí es una garantía del que no viene y el que no está no hay pérdida,
pero no es nada. Ahora
esto no compensa el dolor y la
tragedia de aquello que uno vive en el agujero de la existencia que nos trae la
muerte.
Estas
cosas que nosotros pensamos en voz alta no es para hacer un balance y ver cómo
va la cuenta, la cuenta con la muerte nunca cierra; pero aún cuando no
cierra, uno la debe trascender y trascender indica que la vida no
es... Por
ejemplo: un inventario de lo qué le pasa a uno en la vida y ver quién no se
queja y empieza la competencia de quién tiene más problemas. Y dicen:
"y vos
te quejás porque, y sí tengo tantas empresas y ya no se qué hacer, tengo que
viajar y ya no sé dónde poner mis seis autos y no sé qué hacer con el barco";
es un problema, para él y el otro parece que se está haciendo que tiene
problemas. No el otro parece que está en problemas, con todo lo que tienen,
pero ¿todo lo que tiene lo saca de los problemas o a veces cuánto más tenemos
menos sabemos qué hacer con lo que tenemos? y ¿cuántas veces con todo lo que
tenemos nos olvidamos de quienes somos?
Porque
las reglas del juego con que jugamos muchas veces somos más lo que tenemos que quienes somos.
Las
posiciones, las exposiciones, los títulos, los reconocimientos en lo social,
status, etc. ¿cuánto tiempo hay en la vida de uno para que uno hable con uno
mismo y blanquee quién es? Sin
hacer todo este trabajo, irrumpe, nos viene este corte con el cual todo,
absolutamente todo, tiene que ser reconsiderado, recontratado, repactado,
renovado y renacido.
Todo,
todo otra vez. ¿En qué lugar estoy? ¿Qué es este mundo? ¿A dónde vamos? ¿De
dónde venimos? ¿Qué sentido tiene?
Y
gente más feliz no es la que tiene menos problemas; y gente con muchísimos
menos problemas no necesariamente es más feliz. ¿Qué
significa La Felicidad? Es un estado, ¿qué, uno puede estar todo el día feliz? Felicidad, en última instancia, es la
recolección como si fuera una antología,
como si fuera un compilado de pequeños fragmentos de felicidad.
Le preguntaron a alguien vos, ¿sos feliz?. Si , soy feliz.
¿Sos feliz las 24
horas?
No
hay nadie feliz las 24 horas, sino es porque está brotado. No hay nadie que
siempre esté feliz. En el balance que hace, cuando vos le preguntás recuerda, recupera.
Él en su interioridad que tiene más momentos felices, tiene
sensaciones, tiene más registros felices que infelices, porque él tamiza su vida y su existencia, de
manera tal, que le da qué es
feliz.
Con
todo uno significa: no a la idealización sino con sus broncas, con sus grises.
No en hacerlos ideales porque sino es idolatría, no amor. Y con todo aquello
uno empieza a involucrarse con ellos en un genuino diálogo interior, porque los
amamos le seguimos recriminando aquello que no nos escucharon y debieron hacer.
Lo seguimos escuchando en aquellas cosas que eran desacuerdos y muchas
conversaciones que no terminamos y muchas que quedaron pendientes. Los seguimos
trayendo en la conversación interior, porque tenemos ya grabado en nosotros el
patrón de lo que miraban, de lo que decían, de lo que pensaban, de lo que elegían.
Tenemos el timbre de su voz, tenemos los olores y los paisajes y los objetos.
Claro,
sí... pero no es lo mismo; no es igual, pero no me compensa nada lo que perdí.
Por supuesto. No. No compensa ni recompensa tampoco, pero es un compromiso de cómo
voy a dividir mi energía y mi vida. ¿Cuánto de energía y de vida entra en la
lamentación de lo que no puede ser, aún cuando tenga razón que no debió
suceder? Y ¿cuánto tiempo de mi vida la voy a dedicar al amor de aquello que sí compartimos, lo que
sí tuvimos?, lo
que sí la vida nos dio y el amor hace eterno. Y, cuando digo amamos,
hablamos en
términos presente y futuro es porque seguimos con ellos. No los
dejamos como la foto que tantas veces miramos.
Seguimos
editando la película con ellos; no los dejamos congelados en ese estadío. Vienen con nosotros donde estamos y nos acompañan porque los invitamos
nosotros. Porque solos no van a venir; vienen porque están con nosotros y
nosotros activamos su presencia... no anulamos la presencia.
La
idea de que hay menos dolor cuando tapamos es una necedad y una ilusión; la
manera de volver a alegrarnos y sonreírnos no es olvidándonos de ellos, quizá
es todo lo contrario. Es trayéndolos con nosotros y
por lo que sí se sonreían
y
lo que sí disfrutaban y
lo que sí en la vida tuvimos, que en el
balance del amor, no del tiempo, no de la edad, no de lo que uno quería. En el
balance del amor siempre es más cuando hay amor lo que la vida nos da que lo
que la muerte nos quita.
Vuelvo
a hacer la introducción: no todo lo que sí podría hacer, lo que quería, lo
que me correspondía, lo que yo suponía. Eso no, eso es inexorable y no lo
tenemos y nos duele y no es justo. Pero no por todo el no, me tengo que
olvidar del Sí. No por todo lo que
no pudo ser me entrego yo en el escepticismo en el absurdo de que todo es la
nada; que la muerte propone.
Porque
no hubo sólo muerte.
Hubo
vida y amor. Y esto a uno no lo va a matar. Y bastante tenemos con lo que
pasó con la muerte, para que nosotros sumemos más muerte. También uno a veces
no se da cuenta y no tiene conciencia, de cuánta más muerte agrega a la muerte
cuando se abandona y se entrega. No cuando no sabe qué hacer. No saber es
correcto, eso es la vida. No saber qué hacer viene con la tragedia de la
muerte.
Nadie
frente a la evolución de la muerte dice:"no, ya sé cómo manejarlo; lo tengo
claro"; no, no existe eso. Pero la entrega total en la muerte misma, es lo que
nos alumbra a nosotros en lo que está vivo de ellos y de nosotros, en aquello
que hemos amado. Porque amor es lo que queda. Lo demás se va siempre. Aún
si dentro de 120 años pasa lo mismo. Uno, después de 120 años
¿qué queda de
uno? El amor y el que ama. Póngalos en todos los términos. Cuando uno hizo una
obra en el amor. Cuando uno fue artista. Cuando uno fue un filántropo. Cuando
uno hizo el bien.
Eso
es amor
Amor es cuando uno es una criatura sensible en el mundo donde está y
hace la diferencia. Toda diferencia que uno hace está cargada de amor.
Y no
son actos trascendentes de aquello que sale en los diarios, eso es lo que
se tiene en el diario de uno: te miré, te escuché, te abracé, te atendí,
estuve disponible, te di de comer, te puse de pie, te vestí, te bañé, te llevé a la escuela,
tuve proyectos con vos, pudimos hacer cosas, otras
quedaron pendientes, soñamos juntos, viajamos juntos, vimos cosas juntos. Ahora
haremos todo nosotros por ellos también y en aquello que soñamos y que no
pudimos hacer somos sus continuadores. Porque ese es nuestro legado.
Entonces,
cuando nosotros asumimos con y por ellos, sus proyectos, sus visiones y lo
hacemos, lo ofrecemos a su memoria, no es nunca ir para atrás la memoria.
La
memoria, es siempre para adelante. Cuando uno hace memoria por el ser que amó y
que no está, no es la nostalgia de volver atrás (ya lo hablamos), el tema de
recordar. Esto siempre lo han escuchado
que es volver a pasar por el corazón.
Recordar (de recuerdo).
Recordar
es el filtro por el cual uno vuelve al reservorio del pasado para hacerlo
presente para construir un futuro. Cuando decimos construir un
futuro es
¿mañana qué diría? ¿Qué de lo que yo pienso? ¿Qué de lo que yo siento me
conecta amorosamente con mi hijo? O, con mi hermano que no está físicamente
pero está es eso.
Y
por eso es tan importante trabajar los días, no las efemérides, no es un tema
de los aniversarios. Es un tema de los días, porque ellos todos los días están,
en su presencia y en el agujero de la existencia que es su ausencia.
Ellos
nacen a lo que llamamos la vida eterna, como mueren en el mundo físico nacen
en la vida eterna y nosotros volvemos a nacer a esta cruda existencia de cómo
seguimos viviendo con la muerte. Es
un nacimiento. Es como un parto. Tiene un tiempo de concepción, de evolución
de la tragedia. Hace
falta tener una cantidad de meses en el cual uno no sabe si va a volver a parir
o no. Uno no lo sabe. Porque la idea está clara, pero no todos podemos.
Por
supuesto yo les propongo: ¿qué quieren? ¿Con-morir con la vida o convivir con
la muerte? Y contestarán ah no!, convivir con la muerte. Sí,
querer queremos, no se si podemos. Esto es como venir del valle de las sombras. No todos volvemos.
Aún con ganas no todos pueden volver. Yo no tengo ninguna
explicación de porqué algunos vuelven y porqué otros no. Pero no todos pueden
volver.
La
idea de estar juntos y de pensar y trabajar es tirarle una soga a los otros
para que vuelvan. No que salgan del dolor y se reparen. Eso es imposible.
Pero
que vuelvan a la vida porque si vuelven a la vida los seres queridos fallecidos
no mueren totalmente porque ustedes viven. Si ustedes "duran" en la vida que
les queda, ellos ya se fueron y ustedes también y, por eso es necesario hablar,
decir. Cuando digo "hablar y decir", digo es tenerlos presentes. ¿Vieron
cuando uno está en la mesa y se hace el distraído? Y cuando está esa silla que grita, ahí, y todos hablamos de cualquier
otra cosa... No, hay que traerlos,
hay que hablar: ¿Qué diría? ¿Qué pensaría? Y lo tengo presente. No desde
el punto de vista siempre trágico, de la lamentación eterna, sino de lo eterno
que uno lamenta. Si los tuvimos, estuvieron ahí, entonces los que estamos
alrededor de la mesa, los otros, es como que comparten esa recordación. Lo que
vuelve a ser, casi una celebración. No una celebración en términos de fiesta
banal. Celebración en términos del espíritu, cuando un acontecimiento
importante de la vida y de la familia los trae.
No
está en la vida incluido el sentido como en la muerte. Como si uno fuera un
descifrador de código hasta encontrar el sentido. Nosotros vinimos a este mundo
y nos vamos de este mundo y nuestro trabajo es dar sentido. Somos maquinistas
culturales de producción de sentido. Si el sentido no lo damos nosotros no se
lo da nadie. Y la muerte nos pone en una posición que no nos da escape y lo
tenemos que hacer. Nosotros tenemos que contestar ¿qué sentido tiene?, que no
es lo mismo contestar el sentido que explicarle. No es que interpela, explicámelo.
No. ¿Qué sé yo qué es? ¿Pero, cual es el sentido que tiene?
No sé si tiene,
se lo tengo que dar.
¿Cuál
es el sentido de tu vida: los acontecimientos que te sucedieron? o ¿en los
acontecimientos dejaste algo que da sentido? ¿Qué se entiende por una vida sin
sentido? Que
no va para ningún lado, sentido. Y por otro lado que después de eso uno no
puede decir más nada. Queda en la nada.
En
un sin sentido. Y ¿quién construye el sentido? ¿la vida o el que vive...
o los que vivimos? Lo
que hacemos en la vida es la generación del sentido. Por eso me remito al
ejemplo anterior que es con todo lo malo que la vida te va a traer y te va a
poner es misterio o inventado y, si pensaste que todo va a ir mal puede haber más
mal y, si pensaste que todo va a ir bien puede haber mas bien. El problema es cómo
lo vas a manejar y cómo lo vas a administrar. Y no hay
nada que vos puedas
hacer para cambiar la ecuación de lo que viene, pero tenés todo por hacer para
ver cómo transitás lo que te toca.
A
veces te tocan cosas buenas y ni siquiera las reconocés, ni las agradecés, ni
las percibís. No sos feliz, estás ahí, pero las ves pasar como derecho
adquirido. Así es la vida, así tiene que ser.
Que
nada es tan conocido como caminar. Vos no reconocías que respirabas, pero tenés que conocer que en la respiración está la presencia misma
del alma. Reconocer... reconocer.
Y aquel, que de una manera que vive y que hace ya no tiene que agradecer,
inclusive tiene que agradecer que, el que vive y hace no vive como vivía, y
ahora vive en uno por lo que uno hace. Eso también tiene que ver con un reconocimiento y un agradecimiento.
Poder es reconocer y agradecer.
Todas
las religiones utilizamos diferentes símbolos para decir lo mismo y no es
patrimonio de nadie. Es patrimonio del ser espiritual, humano. Lo humano es lo
que vamos siendo. Nosotros somos potencialmente humanos. Nuestra concepción es
animal, algunos desarrollan lo humano y otros quedan animales. Ero lo humano es
un desarrollo.
Entonces
una de las dimensiones del desarrollo humano es la trascendencia. Porque la
diferencia de lo humano y lo animal es la trascendencia. Lo humano está
siempre, en el animal no sabemos. Pero
de hecho nadie da cuenta de la trascendencia animal pero sí de la trascendencia
humana. No me refiero al hecho metafísico sino al de la cultura, la memoria, el
recuerdo, lo que se hizo en vida. Trasciende
y queda porque hay otros que lo preservan, que lo atesoran, lo transmiten, lo
cuentan.
Edición
es cómo uno va editando permanentemente la vida de quien no está más en este
mundo y vive con uno en este mundo en el amor. ¿Cómo la editás? ¿Cómo la
contás? ¿Qué fragmento seleccionás?
Vieron,
cuando uno está en la mesa y se hace el distraído. Cuando está esa silla que
grita ahí!!, todos hablamos de cualquier otra cosa. No; hay que traerlos,
hay que hablar, ¿qué diría?, ¿qué pensaría? Y lo tengo presente. No desde
el punto de vista siempre trágico, de la lamentación eterna sino de lo eterno
que uno lamenta. Si los tuvimos,
entonces, los que estamos alrededor de la mesa, los otros es como que comparten
esa recordación. Lo que vuelve a hacer, casi, una celebración. No una
celebración en términos de fiesta banal. Celebración en términos del espíritu,
cuando un acontecimiento importante de la vida y de la familia los trae.
No
es lo mismo ir al cementerio a visitarlos que traerlos a la vida. El cementerio
es un lugar sólo que nosotros necesitamos ir. No ellos. ¿Por qué digo no ellos?,
porque es lo mismo que hablamos al principio, no está mi hijo, ahí en casa no
está ¿dónde está? "está con Dios", "en otro mundo"
está en
nosotros. Está en el amor. Están,
no "se están". ¿Y cómo sabés que están? No sé. Sé que están. Percibo
que están. Me abro a que estén y están. No es una tesis científica la
demostración de qué pasa después de la muerte. Es
una propuesta amorosa de que estén a pesar de la muerte, porque yo me hago
instrumento de su continuidad, yo me hago vía de su presencia.
Bueno:
es la trascendencia. Y con el amor de quienes partieron, nosotros pasamos a los
programas en vivo del teatro a la radio y los que saben sintonizar la
frecuencia en el receptor del amor (porque los conocimos y los amamos) son
ustedes. Y lleva tiempo, mucha paciencia, mucha dedicación. Paciencia
en el sentido de la Ciencia de la Paz. Ciencia es eso. ¿Cómo hacer para no
perder la tranquilidad y ver y sintonizar? ¡Sintonizar, sintonizar! Y tratar
de ver.
Pero
es la sensación que uno tiene, que uno encontró maneras y caminos por lo que
ellos vuelven a estar con nosotros y tenemos (como lo que pasaba recién acá)
un auditorio que te dicen: "A ver, mostrame; ¿qué es eso de las ondas
de radio?" No
te lo puedo explicar. Porque el que lo percibe y sintoniza, ese soy yo.
Y si vos percibís y sintonizás, alcanzás y recibís. Alcanza.
Pueden
salir a la calle, leer los diarios. No hace falta hacer preguntas cuando irrumpe
el mal. ¿Cómo puede haber tanto mal? Y Dios ¿dónde está? No tengo
respuesta. Pero
me parece más fácil para organizarnos día a día, pensar que creó el mundo,
nos puso a cargo y está mirando. Me encantaría que intervenga, pero parecería
ser que nos hizo responsables, además de a su imagen y semejanza, nos hace
responsables de lo que somos y de lo que hacemos, para bien o para mal.
Y
¿porqué
vuelvo a insistir que la trascendencia tiene que ver con el amor? Porque en el
amor nosotros somos trascendencia.
Cuando
nosotros tenemos una situación en la cual ya lo vegetativo no lo va a hacer,
tengo que reemplazar esa transmisión y esa trascendencia por mecanismos
alternativos.
¡Qué
responsabilidad la nuestra!
¿Cómo
nos paramos frente a la oscuridad? ¿Cómo resolvemos el problema de la
oscuridad? No luchando contra la oscuridad sino Encendiendo
una Luz.
A
veces estamos necesitados de acompañarnos en el dolor que es muy importante que
la sociedad y quienes no están atravesados por esta tragedia, sepan de gente
valiosa como ustedes, con coraje apuestan y renacen a la vida. Y renacen desde
la muerte. Y eso es producto del amor.
Si
tuviéramos mucho más de ustedes (no porque sean buenos), pero son un ejemplo
de cómo uno sigue en la vida. Construyendo. Dando
a pesar de lo que tienen tanto para reclamar.
Volver
a poner amor. Volver
a poner vida.
Que
Dios les de la sabiduría, el coraje, la luz y la visión para poder hacerlo.
Preguntas
del público y respuestas del Rabino Bergman:
Pregunta:
Rabino
Sergio Bergman:
Nosotros
que somos seres con conciencia y teóricamente razonables, le queremos construir
teoría a lo que sucede y explicar lo que sucede porque tenemos sed de explicación.
Personalmente
creo que nosotros somos arrojados a la existencia, a transcurrir en la
existencia y, sucederán las cosas que sucederán. Pero eso no le cambia, ni el
sentido, ni el balance, ni positivo, ni negativo a la experiencia subjetiva de
lo que es la vida. Porque
la vida es de uno. Y es una. En
principio de los que tenemos conciencia el balance; como vos decís: lo malo. Pero hay otros que tienen más malo y siguen teniendo cosas malas.
Porque vos
tendrás una mejor posición relativa ¿si te comparás con quién?; pero uno se
compara con uno; está convencido que todo lo que le pasa a uno no es justo, ni
corresponde porque no es bueno. Y todo lo bueno que le pasa no alcanza. ¿Por qué
merecía todavía más? Ese
balance ¿quién lo pone? Nadie. Uno
lo va armando en su vida. Hacerlo
es un trabajo colectivo. Dicen: voy a compartir. La
existencia de ser quedó atomizada en las personas con las que compartimos la
vida y amamos.
Se
establece ahí una especie como de familia ampliada. En vez de traer al templo a
la gente. Se lleva el templo a la gente. Y ¿por qué es importante?
Porque en
lugar de llorar y lamentarnos, empezamos a hablar del ser que se fue. Recordando.
Bueno,
ahora resulta que cuando ustedes escuchan, todos los que están ahí empiezan a
contar retazos de la existencia del otro, que uno no conocía sino que, vuelve a
rebobinar porque el otro lo registra y, cada uno es espejito de otro aspecto del
ser y, esa conversación tiene que ser imitada, porque uno aún cuando fue el
par, el hermano, no tiene toda la vida del ser. Qué lindo.
Entonces,
aún cuando inicialmente estás doloroso, eso es tan terapéutico y tan
necesario, que como ya no lo tenemos físicamente con nosotros, recuperarlos a
través de los pedazos de ellos que están en nosotros (su compañero, su gente,
aquellos que saben algo de ellos) y que uno puede encontrar acerca de ellos, y
vemos fragmentos de su ser. Uno
dice: "no, yo no lo quiero hacer porque sufro, me hace re-mal".
Es
verdad; que
nos hace mal es seguro. Pero cuánto hay para trabajar. Cuánto deben hacer. Cuánto
queda ahí. Porque no les prestamos atención porque está todo aquí, (en el
corazón, en el dolor, en el amor). El
amor es un trabajo. Es como un jarrón que se rompió todo añicos. Eso no se
arregla más. Es un trabajo como de reconstrucción. Que se agarran pedacitos y
con mucha paciencia lo arma. Uno tiene que tener mucho amor por ese jarrón.
Sino agarra y lo tira. Pero, cuando la pieza es Única y tan especial para uno,
uno no tira ni un pedacito. Junta todo y ve lo que hace. Ve cómo anda.
Sabe que
no va a restituir la pieza original. No hay recambio ni restitución.
Pero hay
todo un trabajo de juntar. No en el trabajo del resultado final. En el trabajo
de juntar los pedacitos se hace entero un pedazo.
Pregunta: "¿Cómo puedo ayudar al que se con-muere y al que con tanto dolor llega a perder la espiritualidad?"
Rabino
Sergio Bergman:
Como
antes les enseñé la máxima "ama a tu prójimo como a tí mismo", qué
tiene que ver que uno no puede amar
a otro si uno no se ama a Sí mismo. Y
amar a sí mismo no es egoísmo, es veneración, dedicación por lo que uno
tiene, a imagen y semejanza de Dios. Y
el que no se respete y no se cuide a sí mismo, entonces no puede amar a nadie.
Ensayar
una cosa, estamos perdidos en el mundo y nadie sabe cómo salir. Entonces es muy
importante hacerlo en un lugar de simetría, "yo te quiero ayudar y eso me ayuda
a mí también, no se exactamente cómo pero compartamos".
Ustedes
lo pueden ver, como ejemplo, cuando comen. Cuando están comiendo no están en
estar comiendo, están con la cabeza en otra cosa, seguro. Están pensando qué
van a hacer después, si les queda tiempo, nadie está conectado con lo que
come, estar ahí en eso que hacen. La
idea de que uno pueda ayudar al otro con la presencia de uno, es dar
genuinamente ahí, con el otro. Eso de estar presente habilita el diálogo. Nosotros tampoco estamos acostumbrados al diálogo porque estamos muy bien
entrenados a los monólogos intermitentes. Y
es que yo tengo que soportar a que vos hables para que pueda volver a hablar yo.
Que también es importante ser civilizado; no te voy a tapar la boca todo el
tiempo, espero que vos digas algo, alguna cosa no muy sensata ni relevante y
después yo retomo lo que tenía para decir, hasta que vea cómo hago para que
vos, realmente te aliñes con lo que yo vengo diciendo, porque si encima de
decir lo que vengo a decir vos encima no pensás como yo, etc. cambio hasta que
alguien finalmente me escuche como corresponde. Escuchar
es una presencia, no es omnipresencia.
Presencia
es escuchar y callarse. Presencia es estar disponible, yo no tengo nada para
decirte porque no sé, pero te quiero escuchar, ¿cómo estás hoy?
Pero no
cierra, lo deja abierto.
Efectivamente, yo siento que me acompañan siempre; son ángeles, son
guardianes; ellos
cuidan el sentido de nuestras vidas y eso nos da fuerza y protección. Es lo
mismo que hace la luz. La
luz nosotros la encendemos porque los recordamos, el alma se equipara a la luz y
el alma es espíritu, la materia es lo que se pierde.
Yo
les agradezco a todos porque son pacientes y me esperaron y vamos a despedirnos
con una oración:
Oración final
El
Señor, mi Pastor, nada nos faltará ahora. Agarra nuestra alma y nos lleva por
sendas correctas por el bien de su nombre, aún cuando caminemos en el valle de
la sombra de la muerte estará
con nosotros.
Seguramente
la bondad y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida y de
nuestra muerte cuando habitaremos la casa del Señor para siempre.
Hemos
recordado esta noche, con dolor a aquellos
a quien la muerte quitó de nuestro lado. Pertenecen
ahora al tesoro de la vida eterna. Son
nuestros hijos o hermanos que están en nuestros corazones con todo nuestro
amor. Los
recordamos ahora con reverencia.
OH
Dios, Tú que no olvidas, te pedimos: ayúdanos a recordar a nuestros seres
queridos.
Ya cuando sale y se pone el sol los recordamos
Cuando
sopla el viento y llega el invierno los recordamos
Cuando
florecen los capullos y renace la primavera, los recordamos
En
el azul del cielo y la calidez del verano, los recordamos
En
el murmullo de las hojas y en la belleza del otoño, los recordamos
Cuando estamos cansados y necesitamos fuerza, los recordamos
Cuando estamos perdidos
y enfermos del corazón, los recordamos...
Cuando
nos alegramos por algo que queremos compartir, los recordamos.
Porque
ellos ahora viven tanto como nosotros. Porque
son ahora una parte nuestra porque los recordamos y los amamos. Vivirán
tanto como nosotros porque son también una parte tuya en la eternidad.
Recordamos ir en paz, como ellos descansas en paz y encontremos la paz y el espíritu en la trascendencia del amor que los hace por siempre eternos en cada uno de ustedes.