Actividades Lecturas Index Home

 

Charla ofrecida por el Rabino Sergio Bergman para

 

Renacer Buenos Aires

 

 Congregación Israelita de la República Argentina

 

- 21 de octubre de 2004 -

 

 

En este lugar fue donde se construyó la primera institución judía en la Argentina: una casa comunal. Y en este Salón los viernes, al recibir el Shabat, compartimos con familias y con personas que no necesitan solamente el sustento sino también la dignidad de una fiesta y una mesa tendida. También va a abrirse, nuevamente, el museo judío para marso del año que viene.

Esto no es un lugar frío y es una manera de retribuir que nuestra comunidad encontró en RENACER, en lugares comunes, en iglesias, la calidez... y el retribuir y agradecer acerca nuestras relaciones, aunque diferentes en religión. No buscamos lugares neutros, sino espacios cargados de cada uno, de respeto, ya que sabemos que Dios es uno, es Padre y así nos asumimos, que nos cuesta tanto, y es tan importante en la Argentina... Somos hijos y, por lo tanto, hermanos.

Leo una oración para dedicar este instante a la recordación y a la memoria de nuestros hijos o hermanos, y con la esperanza de "Renacer" en nuestro dolor, con vida y esperanza.

 

"OH DIOS:

Ayúdanos a vivir con nuestro dolor: la muerte nos ha arrebatado a nuestro ser querido y muchas veces sentimos que no podemos seguir adelante.  

Nuestra Fe tambalea y nuestro Espíritu se pregunta ¿por qué la dicha termina en dolor? ¿Por qué el amor tiene su precio en lágrimas? ¿Cuál es el significado de esta pérdida?  

Dios, ayúdanos a vivir con nuestro dolor; a aceptar el misterio de la vida y de la muerte.

Ayúdanos a entenderte. Aún si nuestras preguntas fueran todas contestadas, aún si supiéramos el porqué, nuestro dolor no disminuiría, la soledad permanecería más allá de las palabras, nuestros corazones seguirían siendo una ofrenda destrozada.  

Dios: ayúdanos a sobreponernos; a transitar nuestro dolor; a soportar esta larga noche de angustia; a caminar a través de la oscuridad con Fe en el mañana. Danos consuelo; danos valor; ayúdanos a volver y a "Renacer" a la vida.  

Juntemos nuestras manos y nuestros corazones en amor al recuerdo. Lloramos, es cierto, porque se rompió un eslabón en la cadena del amor que nos unía, pero estas manos unidas nos van a dar fuerza para venir a afirmar que el amor que compartimos en la vida supera y trasciende la muerte. Por eso, aún en el dolor y en la pérdida agradecemos por la bendición de la vida junto al ser que hemos amado; por los momentos pasados y vividos en intensidad; por la fe que nos sostiene en la hora del dolor y, con la esperanza que este ser tan querido, que no tenemos ya físicamente, permanece en nosotros y en nuestros corazones con una presencia viva.  

Al encender esta Luz, símbolo de la eternidad del espíritu, que no desaparece y que se encuentra bajo las seguras alas de la presencia divina, sentimos que nuestras almas se van a iluminar para proclamar con Fe.  

Bendícenos Señor. Que en Tu Luz encontremos La Luz.  

A la bendita memoria de nuestros seres queridos es que encendemos esta Luz. Señor, que implantemos dentro de nosotros, la vida eterna".  

Este tiempo será el tiempo de algunas reflexiones, tal vez algunas reiteraciones. Las palabras y los conceptos se reiteran.

Como la vida transcurre y uno se modifica, no tienen siempre la misma cabida ni la misma significación, por lo tanto, no pierden su vigencia. Después haremos un momento para las preguntas y reflexiones. En primera instancia, hay una explicación de encuadre que es imprescindible hacer al iniciar esta conversación que es la siguiente: todo lo que uno tiene para decir y compartir con ustedes, lo hace en una dimensión respetuosa. Yo llamo también "de veneración al abismo existencial" de quienes venimos a hablar y no formamos parte de esta comunidad de vida que son ustedes a partir de la muerte. Esto parece difícil pero es importante repasar de nuevo el concepto. Lo hacemos desde la más profunda ignorancia aún con nuestras mejores intenciones. Es una conversación entre quienes no compartimos el código aunque hablemos castellano.

Aquellos que son atravesados por la tragedia existencial de la muerte de un hijo o de un hermano, pasan a una dimensión por la cual quien no está en esa tragedia con la que uno convive, el otro, que tiene su mejor disposición para decir cosas sensatas, amorosas, que consuelan. Uno cuando lo escucha, internamente lo primero que procesa o dice: "éste no sabe de lo que está hablando... no tiene idea". Y no es que no tiene idea porque no estudió los libros, porque no es un filósofo o un psicólogo, o un médico o un buen amigo, o que nunca fue a la facultad; sino que en la escuela de la Universidad del Dolor que trae la muerte, no se diploma nadie que no la transita y no la muerte de uno, porque sobre la muerte de uno nada podemos decir, sino la muerte de uno, que es ese ser querido que deja de estar presente, que uno lo percibe y siente... Es que un pedazo de uno se murió y que uno quisiera que todo uno se muera. Cuando digo se muera es desaparezca de la dimensión de la existencia por la cual cuando uno existe y es conciente de que una parte de uno murió, no soporta.

Y no porque no pueda reflexionar lógicamente de que la vida es buena y de que hay que seguir con la vida, etc., etc. Sino que es la dimensión del todo dolor donde uno no puede diferenciar que el otro, el hijo, el hermano es otro, sino que uno percibe que es uno y si bien nosotros decimos, lo lloramos porque él no está y es cierto, también lo lloramos porque una parte de nosotros muere y no somos nunca más los mismos ni somos ya reparables, ni somos ya lo que éramos, ni estaremos completos. Nunca.

Es como un umbral que uno pasó del cual no se puede volver. Y ni el tiempo, ni los buenos consejos, ni la metabolización del duelo y el dolor nos dan de nuevo la llave para salir sino que nos dan el mapa para ver cómo seguimos transitando este nuevo espacio: es un espacio de la vida conviviendo con la muerte.  

No es lo mismo convivir con la muerte que conmorir con la vida. Convivir con la muerte es que uno sigue vivo y vive con la muerte. No la muerte como evento que sucedió en tal fecha y en tal circunstancia; no es el acontecimiento de cuándo la muerte irrumpió sino que es la presencia de la sombra que la muerte es ahora, que nos acompaña siempre. Pero vivir con eso implica que debe haber proporciones de las acciones de uno, todos los días, que nos conecten con la vida aún con presencia de muerte.

El otro escenario es el escenario que yo denomino metafóricamente "conmorir con la vida", es decir que uno, en realidad, está todo cargado de muerte y no tiene ninguna posibilidad de reconectarse con la vida y él es una sombra; no que la muerte es la sombra de uno sino que él es una sombra sin ninguna posibilidad de conectarse con nada que tenga que ver con la vida y la vida termina siendo un saldo de tiempo que hay que transitar para que uno parta también, hasta con una dimensión de dulce espera que ese momento llegue en el que uno pone y proyecta en ese lugar todo aquello que ya uno sabe que perdió y que no tiene, el reencuentro del ser querido, la posibilidad de la paz celestial un mundo por venir, de la Fe, de la redención, de la misma resurrección.

Yo estoy diciendo en este caso ni sí ni no: estoy diciendo que uno lo pone en ese lugar. Cuando uno lo pone en ese lugar espera acercarse a ese lugar y dice: "tengo que esperar el tiempo de llegar a ese horizonte". Entonces, uno está cargado totalmente con la muerte, pero no cargado como que uno lo carga, porque eso es así, uno carga la muerte, la lleva con uno, sino cargado como que todo uno es muerte, algunos ejemplos menos filosóficos y completos para medir esto es lo que demandan los otros de la familia, vivos.

Nos demandan, nos dicen "pará, yo estoy acá y yo te necesito en la vida", "yo entiendo tu dolor pero no es justo", dice el que vive, "no es justo que vos te repartas tanto con la muerte que no te deje hacer nada y no te podés conectar", y "tampoco con la vida".

Pero uno no le contesta por la razón del otro que quizá la tiene, sino uno contesta con su propia razón que no es la lógica de la razón, es la razón de uno que viene del dolor, donde uno dice: "¿yo sonreír otra vez? No puedo, no me sale ¿Alegrarme por algo?" Apenas me sucede enseguida hago la reflexión "¿qué estoy haciendo que me estoy alegrando?", es una sensación de pérdida de fidelidad al pacto con la muerte, es diferente al pacto con el amor que  se tiene con el amor de quien uno amó y que murió.

Por lo tanto, son dos dimensiones que están muy cerquita, muy pegadas, requieren un trabajo permanente en que uno tiene que ir realizando en la rutina de sus días y en el inventario del alma y sus sensaciones, cuánto uno está viviendo realmente, intensamente, aún con esta dimensión que inauguró para nosotros el drama muerte.

Dado que el mundo ahora se divide entre los que están en esta dimensión y los que no están, la primer sensación que uno tiene, natural, es que uno en esto está sólo. Uno dice: "todos los que están alrededor mío no entienden el caso como es y no se lo puedo terminar de explicar" y "aún cuando quieren ayudar dicen cosas totalmente sin ninguna relevancia o sentido" y uno se retrae y se aísla. El que se retrae y que se aísla, conmueve. Ya no conmueve tanto, conmueve. Sí, para conmover al otro uno tiene que estar abierto al otro. Como les dije, uno se recluye, se retrae, esa sensación tan natural, ¿verdad? Uno que dice: "no me voy a levantar más, no quiero salir, no quiero esto, no quiero lo otro"; suponiendo que si uno se da ese tiempo para estar con uno recluido con su dolor se va a reparar para volver a salir y conectarse con los otros. Y es inversamente proporcional. Cuando uno más se recluye y se cierra sobre uno, menos posible volver a construir el puente para conectarse con lo otro. Lo otro es la vida y este trabajo de tener plena conciencia, que no es justamente tener la ciencia exacta de cómo hacerlo, porque absolutamente nadie sabe cómo hacerlo, pero aún sin saber cómo hacerlo, tener conciencia de esa búsqueda ayuda a insistir y probar los caminos que tienen que ver con esta idea de ¿cómo camino ahora en esta nueva dimensión?

Que sufro, me duele, busco respuestas a mis preguntas que siguen clamando todas las respuestas son construcciones, no son hallazgos y no alcanzan y no resuelven. Aún las respuestas que damos desde la Fe hay que entenderlas como la construcción, no pierden su validez por ser una construcción; no son una certeza, ("así lo quizo Dios", "está en sus manos", "está bien", "está mejor", "por algo se lo llevó"). Vuelvo a insistir: yo siempre cuido, lo recalco, desde la Fe hay que entenderlo que no lo juzgo, no lo cargo de valor correcto, incorrecto o inhumano. Lo describo, pero eso aún, quienes lo afirmamos o lo podemos decir desde la Fe hay que entenderlo como una construcción, no como una certeza porque frente a la muerte no hay certeza de nada; cuando digo certeza de nada es que la explicación o la respuesta ninca es ceretera.

La realidad irrumpe con la muerte, eso es certero. La muerte es muerte, el que estaba no está más como yo quiero, eso es contundente e irreversible y trágico y doloroso. ¿Qué digo yo acerca de eso? Más iluminado, menos iluminado, más creyente, menos creyente, es una aproximación, es una construcción, ¿qué fin tiene? No es el de resolver el enigma y el misterio de la muerte que es lo mismo que el de la vida, sino es construirnos el andamiaje para seguir sosteniéndonos y caminar.

Esas respuestas que nosotros damos son respuestas de sentido, son necesidades nuestras para seguir adelante porque si todo es un sinsentido entonces no solamente murió el ser querido sino que murió todo. Es darle el sentido que uno tiene, ¿verdad? No se terminó con él o con ella su vida, sino también la nuestra, no del punto de vista biológico o fisiológico, sino espiritual e interno.

Trabajarnos interiormente sobre la conciencia de la muerte que es al mismo tiempo una iluminación sobre la vida, porque la muerte nos hace las mismas preguntas que debiera hacernos la vida. Por supuesto que quien no está atravesado por la tragedia no se hace las preguntas y la vida transcurre.

Les paso en limpio:

¿Qué sentido tiene todo? ¿Todo termina así? ¿Quién define que vinimos y quién cuando nos vamos? ¿Desaparecemos y nada queda? ¿Para qué vinimos y nos vamos? ¿Hay un orden superior que lo tiene todo planificado y escrito? ¿Está  escrito nuestro destino? ¿Qué margen de maniobra tenemos nosotros para modificarlo? Todas esas preguntas salen a la vista nuestra, frente a la inminencia que la muerte clama, estaban ya escritas para la vida también, no necesariamente las hacemos, pero están, tienen la misma validez. ¿Por qué? Porque la vida trae inscripta la muerte.

La vida y la muerte son una unidad indivisible. El problema es que nosotros la separamos virtualmente instalándonos en que la vida nos fue dada, no con la muerte, sino que nos fue dada y un día viene la muerte y se la lleva. En realidad la vida nos fue dada con la muerte, juntas, y no manejamos ninguna de las dos.

A la pregunta "¿cómo pudo suceder?", "¿qué explicación tiene?"; "¿qué grado de participación tengo yo en ese suceso?", es la misma pregunta respecto a ver "¿cómo naciste?" Ninguno de nosotros hemos sido consultados para venir, sin embargo lo tomamos como un hecho inherente a nuestra existencia irrefutable, "está bien instalado el que nací", "que vine a este mundo es mi lugar y corresponde", "así tiene que ser" y a partir de ahí camino, camino hacia dónde, ¿hacia dónde uno camina? Uno camina ilusoriamente hacia la eternidad, es cierto.

La gente se muere, a alguien le pasa, uno no reconoce que mientras va viviendo su vida también va muriendo su muerte. Y en cada instante debe ser agradecido y reconocido en un Renacer; cada día es un Renacer, cada día es un regalo de la vida, ¿por qué? Porque uno completó un día sin morir, es la perspectiva contable totalmente diferente. Cuando uno transita los días contándolos cada uno como una bendición, que lo que uno tiene como Don, que cuando uno pone en la cuenta que todos los días están por venir para uno, como un derecho adquirido y que es injusto y que no corresponde que esa cuenta se detenga.

Sí, es injusto y no corresponde porque ninguno de nosotros quiere partir. Aunque uno lo tenga re claro todos los días que nos vamos a ir, eso no alcanza. Porque nadie acepta dócilmente, sumisamente, que nos vamos. Pero la muerte que es la vida también, se ocupa de hacer el trabajo pedagógico y didáctico de decirnos que ella estaba instalada y que estaba ahí, sólo que se nos revela con toda la crudeza y con todo el dolor.

A partir de esa revelación de la muerte que estaba, uno se rebela, pero con "b" larga, hace su rebelión que es el primer estadío necesario e imprescindible para la salud de uno. Porque el que no se rebela frente a la muerte entonces tiene un problema que yo creo que es un problema sumamente serio tanto como la muerte misma. Quien frente a la muerte no dice nada, no se quiebra, no se mueve, no se rasga, no se desgarra, no se pone en una situación de que ya no es más él, y por lo tanto clama, sindica, lucha para saber qué hacer ahora, entonces ya está muerto, muerto en el sentido de entregado; a que nosotros somos seres de sentido, que sentimos; y lo emocional y lo que sentimos es tan legítimo y válido como lo que razonamos y pensamos. Es decisión que la categoría racional de la lógica, es superior a la que uno siente. Eso nos alienó humanamente.

"¿No entendés que tenés que dejar de llorar?", "¿no entendés que tenés que hacer esto?", "¿no lo entendés?", "¿no lo pensás?" ¿Qué tiene qué ver lo que yo puedo entender con lo que estoy sintiendo y lo que me brota? y me estoy volviendo loco, espontáneamente y naturalmente y auténticamente en mi dolor. "¿Se entiende el dolor?" "¿Siempre?"

Las cosas ¿pasan porque las entendemos o las transitamos mejor porque las entendemos? En algunos casos sí y en otros casos es inútil, porque no tiene entendimiento pero tiene mucho sentimiento y la necesidad de sentir y hacer sentir y compartir lo que uno siente es justamente lo que nos saca del aislamiento, porque uno aislado no solamente sufre sino que, además, no encuentra el consuelo.

Cuando uno no está sólo y está con otros sufre igual, porque uno no va a dejar de sufrir, pero recibe consuelo, no porque alguien le contestó la respuesta o alguien entendió, sino porque hay un abrazo o una mano; hay un otro sensible que siente que se conmueve con uno, se mueve con uno en la misma dirección y ustedes lo saben sentir bien, lo saben dar bien y ahí en el lugar donde se pensaban que estaban solos y aislados y eran los únicos empiezan a reconocer en otros de que no era sólo el caso de uno que estaba fuera de la norma, sino que parecería ser que esto que nosotros en algún momento supusimos lógico, que son los hijos los que entierran a los padres y no al revés, eso es lo natural, eso es lo que debía suceder, hay evidencia que no es lo que sucede. ¿Sucede en la mayoría? ¿Sucede en un porcentaje? No tiene ninguna importancia cuando el 1% es uno, que para uno es el 100% de uno. Cuando uno es el 100% y se encuentra con otro que es un 100%, entonces esa  producción de encuentro es lo que restituye, no justamente la muerte, sino seguir con la vida y continuar con la vida a pesar de la muerte, porque el otro que no nos puede enseñar cómo lo tiene qué hacer uno, se transforma en una guía para uno por lo que él hace por él, no por uno. 

Cuando el otro hace algo transitando el dolor de la muerte me guía a mí como un faro pero no para seguirlo por la misma ruta, porque el faro no hace eso. El faro emite una luz y cada uno puede tomar su referencia y saber cómo ir, porque uno existe y necesita en la oscuridad de la noche una luz y a veces la luz no es la respuesta o la receta. La luz es de otros, que hicieron algo con la muerte de su ser querido y siguen en la vida y se transforman en maestros de uno, no porque enseñan, o dan cátedra, sino porque son ejemplos de vida, con estas muertes. Pero, como decía, lo que dije al principio, son ejemplo de veneración acerca de lo qué hacen con la muerte. La sociedad no sabe que hacer con la muerte, además de que es tabú, no saben hacer; ustedes lo saben... Ustedes lo saben bien porque hay mucha gente que no sabe ni qué decirles en el momento de la tragedia, ni cómo decirles. La gente rápidamente vuelve a su rutina, a sus actividades y después lo incorpora como algo natural, común; y te veo y ya está... "¿cómo ya está?"... "No está nada". Pero ya está para él y no porque tenga mala intención sino porque hay otra dimensión existencial.

Pero nosotros no somos formados, ni educados ni cultural ni espiritualmente, para saber hacer algo con la muerte. Es más, el origen de las religiones tienen mucho que ver con esto. No sabemos qué hacer, por lo tanto se la dejamos encargados a esos que no tienen existencialmente, otra opción que confrontarse con la muerte. Entonces empezamos como a dividirnos; aquellos que no tienen opción y tienen que hacer algo con la muerte y aquellos que mientras tienen la moratoria, la bendición de que la muerte no los toca siguen en la ilusión óptica que eso no es de ellos.

Un excelente ejemplo es lo que pasa o lo que hacemos con los chicos, con los niños. En nuestra posición necia adulta – infantil, porque como adultos somos muy infantiles donde tratamos de preservarlos ¡cuando ellos son maestros! Los chicos son maestros y en todo el tiempo nos ocupamos ordenadamente de arruinarlos. Pero, originalmente son maestros en su sensibilidad, en la percepción, en que saben o entienden todo sin las palabras.  Uno no sabe como armarle las frases y ellos entienden todo. Fueron y vinieron. Los chicos entienden todo; ellos son compasivos con nosotros, nos tienen paciencia. Ellos esperan que en algún momento lo vayamos a blanquear todo, ellos ya saben. Nosotros somos analfabetos de la muerte, ni sabemos cómo empezar a enunciarlo ni cómo empezar a decir y preservándolos los alejamos.

Incluir en nuestra conversaciones a la muerte cómo natural. Pero ¿natural cómo? Natural como la naturaleza, pero es una tragedia. Incluirlo en una conversación va inmunizando espiritualmente al otro, porque como siempre digo el espíritu es como un don, todos lo tenemos pero no lo entrenamos, y cuando lo necesitamos lo tenemos atrofiado. Es como un ejercicio: todos podemos correr 5 Km. y sí... todos podemos correr 5 Km. Pero si todos los días corremos un poquito, nos cuidamos en la comida para al final poder correr 5 Km. Pero si uno no se va entrenando, ni se va cuidando y lo llaman a la mañana y le dicen –"ahora tenés que correr"- uno no puede no llegar. Es como un entrenamiento interior por el cual  uno incluye los valores y las conversaciones acerca de aquello que lo hace a uno un ser espiritual, el ejemplo que dábamos antes, por ejemplo agradecer cada mañana que uno se levanta. ¿No les parece un motivo más que suficiente como para que un niño lo tenga incluido en sus rutinas, junto con el de lavarse los dientes?, bueno, bueno, no tenemos un cepillo como utensilio, pero uno lo puede incluir en la lista, también.

Cuántas veces vemos a nosotros y a otros levantándonos cada mañana con quejas, con demandas y reclamos. Y  todas las sensaciones son las sensaciones que ustedes recuperan retrospectivamente con la película que hacen con la memoria y el recuerdo amoroso de sus hijos. Una vez reconocida la evidencia que no se vuelve atrás en la reversibilidad de la muerte, uno sí vuelve atrás con el espíritu del amor y lo recupera, para uno. En todos esos gestos, esas sensaciones, esos fragmentos que la vida sí nos dio y que la muerte no destruye. Porque están arraigadas en la eternidad del amor y dónde hubo amor, la muerte no se lo lleva. Esto no es consuelo, es desconsuelo.

No es consuelo. No es compensación ni explicación, ni alivio. Eso es justamente trascendencia y se abre una nueva dimensión que es así como hablamos hoy de cómo convivir con la muerte y soportar el dolor ineludible; como al mismo tiempo, trabajamos la trascendencia de quienes amamos, porque es nuestro compromiso con ello, con la vida a pesar de la muerte. Hacerlos trascender.  Que no es por supuesto nada fácil. Tanto los amamos, que nos y se los debemos. Quien renuncia al trabajo de trascendencia del ser querido en el amor, porque está sumido en su conmorir y desvía toda su energía a sufrir y a doler; entonces, además que hace una mala elección, hace algo que no permite que quien partió físicamente siga vivo en la trascendencia, en el recuerdo de la memoria y del amor. Ellos trascienden en nosotros vivos, y en la caridad de Dios, pero la vida de Dios es misterio y que nosotros estamos acá para hacerlos trascender no es un misterio, es una realidad.

Misterio es cómo lo hacemos. Pero que nosotros estamos acá por el amor que compartimos y nos debemos mutuamente y que no vamos a bajar los brazos ni entregarnos nosotros vivos también a la muerte porque sino mueren dos veces; es justamente aquello que nos permite a nosotros no reparar ni explicar sino avanzar y trascender.

También tenemos que trabajar qué significa la trascendencia en el Amor. El Amor de por sí, es una convención. Decimos amor y decimos sí, sí, sí, pero... no podemos describir al amor dos personas de la misma manera.

Nosotros tenemos conciencia y experiencia que sin amor, no existiríamos en este mundo, porque el amor nos sostiene, el amor queda. No tiene mayor importancia como lo definimos. No es la convención o la definición del amor lo que le da entidad al amor. ¿Qué le da entidad al amor? La experiencia de amar y ser amado, inexplicable e intransferible. Pasa algo parecido con los otros términos; con “Dios” pasa lo mismo, ahí no tenemos tanto acuerdo de su existencia, pero no tiene importancia cómo lo definimos; lo mismo pasa con “vida”, lo mismo pasa con “muerte”. En el amor, justamente, es donde se da todo. Por que en el amor se nos va la vida y en el amor se nos da la posibilidad que aún sin vida estemos, presentes, unidos o vivos de otra manera. 

Porque hay una parte de quienes murieron que vive en nosotros porque los amamos y porque los recordamos. No la parte que nosotros queremos, que es la presencia física -una parte de ellos que trasciende en nosotros- ¿y de dónde viene esa parte?  ¿Viene de la presencia demostrable, física, magnética, espiritual?

Viene de la presencia, porque nosotros portamos y llevamos con nosotros la experiencia de que los amamos y porque los amamos entonces están en nosotros. No digo los amamos en término del pasado, digo en el término del presente, los amamos hoy, porque el amor no hace referencia a la acción pasada, es una vinculación con el ser del otro, que sigue vigente porque lo amamos. Nosotros siempre estuvimos acostumbrados a amar lo que tenemos o amar por lo que tenemos, o amar porque tocamos, o amar porque poseemos, porque es la expresión material de lo concreto. 

En el día previo, anterior a partir, nosotros no estábamos todo el tiempo con ellos ni lo teníamos encima nuestro todo el día. ¿Qué era lo que teníamos? Teníamos la tranquilidad, esa paz que tanto extrañamos, de que había un ciclo de horas, de días, donde lo podíamos volver a ver y al volver a verlos reafirmábamos lo que habíamos compartido y lo que sentimos y lo que hacemos.

Porque cuando uno ama internaliza al otro, se lo pone al otro en uno y nosotros habíamos pasado los días sin tenerlos con nosotros, pero en el corazón, en la interioridad, sabíamos que estaban y ¿quién más que nosotros necesita tocarlos y que estén presentes? Nosotros necesitamos mucho y cuando decimos “¡qué lástima porque él no vive!” y “él no puede seguir haciendo cosas”, es verdad, es cierto. Pero cuánta más lástima tenemos por nosotros que ya no tenemos lo que queremos y lo que estábamos acostumbrados. ¿Cuánto decimos que es por ellos, cuándo, en realidad, no sólo es por ellos sino por nosotros? ¿Quién sabe el día que se va todo lo que estaba pendiente por hacer? Nadie.

Yo trato de decir, explicar esto con cuidado pero tengo que decirlo. Todos nosotros vinimos por el tiempo en el que estamos y después nos quedamos en los que amamos y nos amaron. Pero hay un cartel muy grande junto con el de Bienvenida que es el de Partida. Llegaste para irte. "¿Cuánto tiempo y en qué circunstancias?", uno dice: "Sólo Dios dirá". Yo ni siquiera digo: sólo Dios dirá; la vida dirá; la muerte dirá; el misterio dirá; veremos… y por ese riesgo del veremos. Entonces, ¿no vivimos la vida?, ¿en términos del dolor de no tenerlos estaríamos dispuestos a no traerlos? 

En el balance de tanto dolor, para no saber de este dolor, para no vivir en la tragedia, ¿cuánto queremos rebobinar la película de la existencia?, si pudiéramos volver a editar, ¿queremos rebobinar hasta el cuadro anterior del evento por el cual partieron? O sí querés evitar todo tiempo, o sí querés evitar toda exposición al dolor que viene con el amor y a la muerte que viene con la vida; ¿no deberías rebobinar toda una historia hasta que llegues al punto de en el cual no los traés y no están? Eso sí es una garantía del que no viene y el que no está no hay pérdida, pero no es nada. Ahora esto no compensa el dolor y la tragedia de aquello que uno vive en el agujero de la existencia que nos trae la muerte.

Estas cosas que nosotros pensamos en voz alta no es para hacer un balance y ver cómo va la cuenta, la cuenta con la muerte nunca cierra; pero aún cuando no cierra, uno la debe trascender y trascender indica que la vida no es... Por ejemplo: un inventario de lo qué le pasa a uno en la vida y ver quién no se queja y empieza la competencia de quién tiene más problemas. Y dicen: "y vos te quejás porque, y sí tengo tantas empresas y ya no se qué hacer, tengo que viajar y ya no sé dónde poner mis seis autos y no sé qué hacer con el barco"; es un problema, para él y el otro parece que se está haciendo que tiene problemas. No el otro parece que está en problemas, con todo lo que tienen, pero ¿todo lo que tiene lo saca de los problemas o a veces cuánto más tenemos menos sabemos qué hacer con lo que tenemos? y ¿cuántas veces con todo lo que tenemos nos olvidamos de quienes somos?

Porque las reglas del juego con que jugamos muchas veces somos más lo que tenemos que quienes somos. Las posiciones, las exposiciones, los títulos, los reconocimientos en lo social, status, etc. ¿cuánto tiempo hay en la vida de uno para que uno hable con uno mismo y blanquee quién es? Sin hacer todo este trabajo, irrumpe, nos viene este corte con el cual todo, absolutamente todo, tiene que ser reconsiderado, recontratado, repactado, renovado y renacido.

Todo, todo otra vez. ¿En qué lugar estoy? ¿Qué es este mundo? ¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? ¿Qué sentido tiene? En esas preguntas aparece esta idea de que si la vida es para cada uno de nosotros la sucesión de hechos, la explicación no está en porqué son estos hechos, vinimos a este mundo a responder a los hechos y lo que seamos capaces nosotros de hacer, frente a los hechos en la vida, es lo que termina siendo la calidad de nuestras vidas. Las comparaciones de la vida no es la lista de lo que sucede, la diferencia de las calidades de la vida es lo que uno hace con lo que le toca.

Y gente más feliz no es la que tiene menos problemas; y gente con muchísimos menos problemas no necesariamente es más feliz. ¿Qué significa La Felicidad? Es un estado, ¿qué, uno puede estar todo el día feliz? Felicidad, en última instancia, es la recolección como si fuera una antología, como si fuera un compilado de pequeños fragmentos de felicidad.

Le preguntaron a alguien vos, ¿sos feliz?. –Si , soy feliz. 

¿Sos feliz las 24 horas? –No, duermo, trabajo,…-  

No hay nadie feliz las 24 horas, sino es porque está brotado. No hay nadie que siempre esté feliz. En el balance que hace, cuando vos le preguntás recuerda, recupera. Él en su interioridad que tiene más momentos felices, tiene sensaciones, tiene más registros felices que infelices, porque él tamiza su vida y su existencia, de manera tal, que le da qué es feliz. No hay una medición objetiva. Esto tiene que ver con lo subjetivo. Lo mismo pasa en el tiempo de quien nosotros amamos. Es verdad. Los perdimos en términos concretos y los perdimos en términos potenciales, de todo el porvenir, que queríamos con ellos. Pero, que no todo esté perdido depende mucho más de nosotros que de la muerte. Y no por lo que iba a venir, sino porque lo que tuvimos en la vida y en el amor compartido los hace eternos en  nosotros. Sí nosotros volvemos a pactar con ellos en el amor a pesar de su muerte y cuando uno pacta en el amor, pacta con todo uno. 

Con todo uno significa: no a la idealización sino con sus broncas, con sus grises. No en hacerlos ideales porque sino es idolatría, no amor. Y con todo aquello uno empieza a involucrarse con ellos en un genuino diálogo interior, porque los amamos le seguimos recriminando aquello que no nos escucharon y debieron hacer. Lo seguimos escuchando en aquellas cosas que eran desacuerdos y muchas conversaciones que no terminamos y muchas que quedaron pendientes. Los seguimos trayendo en la conversación interior, porque tenemos ya grabado en nosotros el patrón de lo que miraban, de lo que decían, de lo que pensaban, de lo que elegían. Tenemos el timbre de su voz, tenemos los olores y los paisajes y los objetos. Con todo eso nosotros restituimos y reconstruimos, no la ilusión de que vuelva lo que perdimos, sino justamente la realidad de que no los perdimos del todo, porque los amamos y los recordamos.  Y porque los traemos con nosotros a la vida ¿a qué vida? A la tuya -que ya es mucho y es vida- y si vos vivís y los amás viven en vos.

Claro, sí... pero no es lo mismo; no es igual, pero no me compensa nada lo que perdí. Por supuesto. No. No compensa ni recompensa tampoco, pero es un compromiso de cómo voy a dividir mi energía y mi vida. ¿Cuánto de energía y de vida entra en la lamentación de lo que no puede ser, aún cuando tenga razón que no debió suceder? Y ¿cuánto tiempo de mi vida la voy a dedicar al amor de aquello que sí compartimos, lo que sí tuvimos?, lo que sí la vida nos dio y el amor hace eterno. Y, cuando digo amamos, hablamos en términos “presente” y “futuro” es porque seguimos con ellos. No los dejamos como “la foto” que tantas veces miramos.

Seguimos editando la película con ellos; no los dejamos congelados en ese estadío. Vienen con nosotros donde estamos y nos acompañan porque los invitamos nosotros. Porque solos no van a venir; vienen porque están con nosotros y nosotros activamos su presencia... no anulamos la presencia.

La idea de que hay menos dolor cuando tapamos es una necedad y una ilusión; la manera de volver a alegrarnos y sonreírnos no es olvidándonos de ellos, quizá es todo lo contrario. Es trayéndolos con nosotros y… por lo que sí se sonreían y… lo que sí disfrutaban y… lo que sí en la vida tuvimos, que en el balance del amor, no del tiempo, no de la edad, no de lo que uno quería. En el balance del amor siempre es más cuando hay amor lo que la vida nos da que lo que la muerte nos quita.

Vuelvo a hacer la introducción: no todo lo que sí podría hacer, lo que quería, lo que me correspondía, lo que yo suponía. Eso no, eso es inexorable y no lo tenemos y nos duele y no es justo. Pero no por todo el no, me tengo que olvidar del Sí. No por todo lo que no pudo ser me entrego yo en el escepticismo en el absurdo de que todo es la nada; que la muerte propone. Porque no hubo sólo muerte. Hubo “vida y amor”. Y esto a uno no lo va a matar. Y bastante tenemos con lo que pasó con la muerte, para que nosotros sumemos más muerte. También uno a veces no se da cuenta y no tiene conciencia, de cuánta más muerte agrega a la muerte cuando se abandona y se entrega. No cuando no sabe qué hacer. No saber es correcto, eso es la vida. No saber qué hacer viene con la tragedia de la muerte.

Nadie frente a la evolución de la muerte dice:"no, ya sé cómo manejarlo; lo tengo claro"; no, no existe eso. Pero la entrega total en la muerte misma, es lo que nos alumbra a nosotros en lo que está vivo de ellos y de nosotros, en aquello que hemos amado. Porque amor es lo que queda. Lo demás se va siempre. Aún si dentro de 120 años pasa lo mismo. Uno, después de 120 años… ¿qué queda de uno? El amor y el que ama.  Póngalos en todos los términos. Cuando uno hizo una obra en el amor. Cuando uno fue artista. Cuando uno fue un filántropo. Cuando uno hizo el bien.

Eso es amor… Amor es cuando uno es una criatura sensible en el mundo donde está y hace la diferencia. Toda diferencia que uno hace está cargada de amor. Y no son actos trascendentes de aquello que sale en los diarios, “eso” es lo que se tiene en el diario de uno: te miré, te escuché, te abracé, te atendí, estuve disponible, te di de comer, te puse de pie, te vestí, te bañé, te llevé a la escuela, tuve proyectos con vos, pudimos hacer cosas, otras quedaron pendientes, soñamos juntos, viajamos juntos, vimos cosas juntos. Ahora haremos todo nosotros por ellos también y en aquello que soñamos y que no pudimos hacer somos sus continuadores. Porque ese es nuestro legado.

Entonces, cuando nosotros asumimos con y por ellos, sus proyectos, sus visiones y lo hacemos, lo ofrecemos a su memoria, no es nunca ir para atrás la memoria. La memoria, es siempre para adelante. Cuando uno hace memoria por el ser que amó y que no está, no es la nostalgia de volver atrás (ya lo hablamos), el tema de recordar. Esto siempre lo han escuchado… que es volver a pasar por el corazón.  Recordar (de recuerdo). Recordar es el filtro por el cual uno vuelve al reservorio del pasado para hacerlo presente para construir un futuro. Cuando decimos “construir un futuro” es ¿mañana qué diría? ¿Qué de lo que yo pienso? ¿Qué de lo que yo siento me conecta amorosamente con mi hijo? O, con mi hermano que no está físicamente pero está es “eso”.

Y por eso es tan importante trabajar los días, no las efemérides, no es un tema de los aniversarios. Es un tema de los días, porque ellos todos los días están, en su presencia y en el agujero de la existencia que es su ausencia. Entonces, nuestro desafío amoroso es, cómo hacer de esa ausencia una presencia. Y no de ausencia a presencia de lo que queremos. Eso no lo tenemos. Es otra manera de estar presentes y eso nos es imprescindible a nosotros; porque seguimos vinculados a ellos en el amor. Aquel que no recuerda, aquel que no trabaja, el que no hace memoria, el que no actualiza la vida de uno al que partió, entonces no solamente lo perdió totalmente, sino que se perdió él también. Y eso es justamente lo que nosotros tratamos de evitar. Por eso también nos llamamos Renacer. Porque acá nuevamente los dos tenemos que volver a nacer.

Ellos nacen a lo que llamamos la vida eterna, como mueren en el mundo físico nacen en la vida eterna y nosotros volvemos a nacer a esta cruda existencia de cómo seguimos viviendo con la muerte. Es un nacimiento. Es como un parto. Tiene un tiempo de concepción, de evolución de la tragedia. Hace falta tener una cantidad de meses en el cual uno no sabe si va a volver a parir o no. Uno no lo sabe. Porque la idea está clara, pero no todos podemos.

Por supuesto yo les propongo: ¿qué quieren? ¿Con-morir con la vida o convivir con la muerte? Y contestarán “ah no!, convivir con la muerte”. Sí, querer queremos, no se si podemos. Esto es como venir del valle de las sombras. No todos volvemos. Aún con ganas no todos pueden volver. Yo no tengo ninguna explicación de porqué algunos vuelven y porqué otros no. Pero no todos pueden volver.

La idea de estar juntos y de pensar y trabajar es tirarle una soga a los otros para que vuelvan. No que salgan del dolor y se reparen. Eso es imposible. Pero que vuelvan a la vida porque si vuelven a la vida los seres queridos fallecidos no mueren totalmente porque ustedes viven. Si ustedes "duran" en la vida que les queda, ellos ya se fueron y ustedes también y, por eso es necesario hablar, decir. Cuando digo "hablar y decir", digo “es tenerlos presentes. ¿Vieron cuando uno está en la mesa y se hace el distraído? Y cuando está esa silla que grita, ahí, y todos hablamos de cualquier otra cosa... No, hay que traerlos, hay que hablar: ¿Qué diría? ¿Qué pensaría? Y lo tengo presente. No desde el punto de vista siempre trágico, de la lamentación eterna, sino de lo eterno que uno lamenta. Si los tuvimos, estuvieron ahí, entonces los que estamos alrededor de la mesa, los otros, es como que comparten esa recordación. Lo que vuelve a ser, casi una celebración.  No una celebración en términos de fiesta banal. Celebración en términos del espíritu, cuando un acontecimiento importante de la vida y de la familia los trae. No es lo mismo ir al cementerio a visitarlos, que traerlos a la vida. Como la muerte no tiene sentido, no se trata de encontrarle el sentido. Esa es mi opinión.

No está en la vida incluido el sentido como en la muerte. Como si uno fuera un descifrador de código hasta encontrar el sentido. Nosotros vinimos a este mundo y nos vamos de este mundo y nuestro trabajo es dar sentido. Somos maquinistas culturales de producción de sentido. Si el sentido no lo damos nosotros no se lo da nadie. Y la muerte nos pone en una posición que no nos da escape y lo tenemos que hacer. Nosotros tenemos que contestar ¿qué sentido tiene?, que no es lo mismo contestar el sentido que explicarle. No es que interpela, explicámelo. No. ¿Qué sé yo qué es? ¿Pero, cual es el sentido que tiene? No sé si tiene, se lo tengo que dar.

¿Cuál es el sentido de tu vida: los acontecimientos que te sucedieron? o ¿en los acontecimientos dejaste algo que da sentido? ¿Qué se entiende por una vida sin sentido? Que no va para ningún lado, sentido. Y por otro lado que después de eso uno no puede decir más nada. Queda en la nada. En un “sin sentido”. Y ¿quién construye el sentido? ¿la vida o el que vive... o los que vivimos? Lo que hacemos en la vida es la generación del sentido. Por eso me remito al ejemplo anterior que es “con todo lo malo que la vida te va a traer y te va a poner es misterio o inventado y, si pensaste que todo va a ir mal puede haber más mal y, si pensaste que todo va a ir bien puede haber mas bien. El problema es cómo lo vas a manejar y cómo lo vas a administrar. Y no hay nada que vos puedas hacer para cambiar la ecuación de lo que viene, pero tenés todo por hacer para ver cómo transitás lo que te toca.

A veces te tocan cosas buenas y ni siquiera las reconocés, ni las agradecés, ni las percibís. No sos feliz, estás ahí, pero las ves pasar como derecho adquirido. Así es la vida, así tiene que ser. No es exaltación de alegría. Están ahí. Veo, bueno, hablá con un hermano que es ciego a ver qué dice. Caminar, ver, etc. Son todos dones, "milagros de la vida cotidiana" (se llaman, no los vemos como milagros), ni decimos gracias, no tenemos que decir aleluya, ni ponernos en un acto místico… pero, mínimo, reconocimiento por eso. Pero no; no estoy diciendo que uno se tiene que polarizar uno, ya entra en rutina y no está todo el tiempo con eso abierto. Pero es necesario darnos sentido. Generar sentido. Y el sentido se genera por las acciones. No tenemos todo el tiempo. Primero reconocimiento, debemos desarrollar la virtud del reconocimiento, para lo bueno o para lo malo. Todo lo conocido debe ser re-conocido otra vez.

Que nada es tan conocido como caminar. Vos no reconocías que respirabas, pero tenés que conocer que en la respiración está la presencia misma del alma. Reconocer... reconocer. Donde hay conocimiento entonces puede haber agradecimiento. Nadie agradece lo que no reconoce, pero el agradecimiento tiene que ver con el acto de reconocimiento. No tiene que ver con el balance de que todo es bueno sino que, a pesar de lo malo reconozco lo bueno y eso, me carga de un sentimiento positivo.

Y aquel, que de una manera que vive y que hace ya no tiene que agradecer, inclusive tiene que agradecer que, el que vive y hace no vive como vivía, y ahora vive en uno por lo que uno hace. Eso también tiene que ver con un reconocimiento y un agradecimiento. Poder es reconocer y agradecer. Y, quien no está en mí y que yo no lo dejo morir, desde el punto de vista de su trascendencia espiritual en el amor, también requiere un reconocimiento y un agradecimiento. No agradecimiento por la muerte, eso no se agradece. Uno agradece la vida, agradece el amor. Y uno no dice a pesar de… No pesar, pesado, bien pesado y pesa. Pero así como pesa yo amo. La vida tiene que ver con estos actos. No con el fenómeno de vivir, sino tener conciencia de vida y sentido.

Todas las religiones utilizamos diferentes símbolos para decir lo mismo y no es patrimonio de nadie. Es patrimonio del ser espiritual, humano. Lo humano es lo que vamos siendo. Nosotros somos potencialmente humanos. Nuestra concepción es animal, algunos desarrollan lo humano y otros quedan animales. Ero lo humano es un desarrollo.

Entonces una de las dimensiones del desarrollo humano es la trascendencia. Porque la diferencia de lo humano y lo animal es la trascendencia. Lo humano está siempre, en el animal no sabemos. Pero de hecho nadie da cuenta de la trascendencia animal pero sí de la trascendencia humana. No me refiero al hecho metafísico sino al de la cultura, la memoria, el recuerdo, lo que se hizo en vida. Trasciende y queda porque hay otros que lo preservan, que lo atesoran, lo transmiten, lo cuentan. Por eso es tan importante editar la vida de quien partió. El trabajo de edición es un trabajo de amor. Tiene trascendencia.

Edición es cómo uno va editando permanentemente la vida de quien no está más en este mundo y vive con uno en este mundo en el amor. ¿Cómo la editás?  ¿Cómo la contás? ¿Qué fragmento seleccionás? Vieron como va en la computadora el “cutting-paste”, “cortar-pegar”. Es un trabajo que hay que hacer todo el tiempo. Y tan importante es hacer ese trabajo que no siempre lo hacemos. Es muy importante.

Vieron, cuando uno está en la mesa y se hace el distraído. Cuando está esa silla que grita “ahí!!”, todos hablamos de cualquier otra cosa. No; hay que traerlos, hay que hablar, ¿qué diría?, ¿qué pensaría? Y lo tengo presente. No desde el punto de vista siempre trágico, de la lamentación eterna sino de lo eterno que uno lamenta. Si los tuvimos, entonces, los que estamos alrededor de la mesa, los otros es como que comparten esa recordación. Lo que vuelve a hacer, casi, una celebración. No una celebración en términos de fiesta banal. Celebración en términos del espíritu, cuando un acontecimiento importante de la vida y de la familia los trae.

No es lo mismo ir al cementerio a visitarlos que traerlos a la vida. El cementerio es un lugar sólo que nosotros necesitamos ir. No ellos. ¿Por qué digo no ellos?, porque es lo mismo que hablamos al principio, no está mi hijo, ahí en casa no está ¿dónde está? "está con Dios", "en otro mundo"…está en nosotros. Está en el amor. Están, no "se están". ¿Y cómo sabés que están? No sé. Sé que están. Percibo que están. Me abro a que estén y están. No es una tesis científica la demostración de qué pasa después de la muerte. Es una propuesta amorosa de que estén a pesar de la muerte, porque yo me hago instrumento de su continuidad, yo me hago vía de su presencia. Es exactamente igual que lo que sucede con la radio. Si yo les digo: "Acá hay ondas de radio ¿ustedes las ven?" Y cómo hago yo para demostrarles que hay ondas de radio. Puedo hablar todo el día y van a decir "éste está loco". La única manera es si yo pongo un aparato de radio, sintonizo y ustedes escuchan. ¿Y de dónde viene el que habla? ¿Se acuerdan cuando pensábamos que atrás de la radio estaban hombrecitos adentro del aparato? Pero no están ahí adentro, ¿cómo sale la voz de alguien ahí en la radio? Es porque hay un emisor (esa onda viene) y acá hay un receptor (que recibe la onda que viene) que es la radio: se llama así la radio, “receptor de radio”. Frente al receptor escucho. Es decir que yo, solamente ¿voy a creer que habla si abro el aparato y veo un hombrecito?  ¿Cómo ese misterio que sale la voz de allí?

Bueno: es la trascendencia. Y con el amor de quienes partieron, nosotros pasamos a los programas en vivo del teatro a la radio y los que saben sintonizar la frecuencia en el receptor del amor (porque los conocimos y los amamos) son ustedes. Y lleva tiempo, mucha paciencia, mucha dedicación. Paciencia en el sentido de la Ciencia de la Paz. Ciencia es eso. ¿Cómo hacer para no perder la tranquilidad y ver y sintonizar? ¡Sintonizar, sintonizar!  Y tratar de ver. Hasta que no comente uno, no saben de dónde, ni de qué manera uno empieza a recibir eso. ¿Qué es eso? ¡Inexplicable!

Pero es la sensación que uno tiene, que uno encontró maneras y caminos por lo que ellos vuelven a estar con nosotros y tenemos (como lo que pasaba recién acá) un auditorio que te dicen: "A ver, mostrame; ¿qué es eso de las ondas de radio?" No te lo puedo explicar. Porque el que lo percibe y sintoniza, ese soy yo. Y si vos percibís y sintonizás, alcanzás y recibís. Alcanza. No tenés que demostrar nada, porque lo importante es que hacés vos con eso. Si esto te carga las pilas. Si eso te pone en positivo. Si eso te hace levantar en el nuevo día, es decir, al mundo. “Yo no lo tengo conmigo más como vos lo ves, pero lo tengo conmigo como yo lo percibo y por lo tanto está”; ése es un acto de Fe. Y no lo hace Dios, lo hace uno que tiene a Dios en uno y por lo tanto se hace cargo uno de la trascendencia del ser amado. No dice “lo dejo en manos de Dios” No, hacés mal; porque la mano de Dios nosotros la sacamos de ese momento y así nos va; Él no pega más en el mundo, no se si queda claro.

Pueden salir a la calle, leer los diarios. No hace falta hacer preguntas cuando irrumpe el mal. ¿Cómo puede haber tanto mal? Y Dios ¿dónde está? No tengo respuesta. Pero me parece más fácil para organizarnos día a día, pensar que creó el mundo, nos puso a cargo y está mirando. Me encantaría que intervenga, pero parecería ser que nos hizo responsables, además de a su imagen y semejanza, nos hace responsables de lo que somos y de lo que hacemos, para bien o para mal. Entonces, mientras le reclamamos a Él que nos dé una explicación de lo que pasó, ¿por qué no empezamos nosotros también a proponer? que, a pesar de lo que pasó no va a terminar todo ahí, y que no va a desaparecer, (no son los términos trágicos que conocemos en la Argentina), yo me refiero a la desaparición eterna de que ya no están más. Sí, es verdad. Murieron. Pero están en otra manera, no demostrable, no compensable pero muy importante cuando uno se conecta con esa presencia que la hace posible en el amor.

Y ¿porqué vuelvo a insistir que la trascendencia tiene que ver con el amor?  Porque en el amor nosotros somos trascendencia. Nosotros somos nosotros y no somos el proyecto de unos. Sin el papá y una mamá que soñaron la vida y un mundo mejor y tuvieron una visión nosotros no hubiéramos llegado. Si nosotros llegamos es porque eso pasó y estamos y lo continuamos. Pero yo ahora tengo la responsabilidad de hacerlo por ellos, porque ellos mismos no lo pueden hacer. Tenemos que contar su historia. Tenemos que hablar de ellos. La genealogía y las generaciones hacen el trabajo por sí mismas en aquello que es vegetativo; padres, hijos, nietos, etc.

Cuando nosotros tenemos una situación en la cual ya lo vegetativo no lo va a hacer, tengo que reemplazar esa transmisión y esa trascendencia por mecanismos alternativos. Es como las raíces. Si uno corre una raíz para que no muera, sufren otras que no reparan las que no están, pero conectan. Por lo tanto lo que significa que la familia ampliada, los amigos, todos los que forman el circuito en el círculo del amor, deben hablar y deben hacerlos presentes. Porque sino mueren definitivamente, porque ya ellos por Sí mismos lo lo pueden hacer sino a través de nosotros.

¡Qué responsabilidad la nuestra! De no dejarnos morir en la lamentación permanente y eterna desde que partieron, tenemos responsabilidad por eso. Además que por el dolor, un tiempo de dolor y un tiempo de amor; no de ilusión, no de frases hechas, no de recetas probadas. Nadie sabe cómo uno ama y llega el amor. Pero tiene experiencia y ellos están unidos a ustedes por siempre en el amorNo lo dejen ir. Por ese amor, en ese amor viven por siempre. Hay que dar Luz. Como la que nosotros encendimos, para que puedan (justamente) encender caminos de Luz. Eso lo dijeron tempranamente. La iluminación. La iluminación no trae nada nuevo. Muestra lo que ya está en la oscuridad.

¿Cómo nos paramos frente a la oscuridad? ¿Cómo resolvemos el problema de la oscuridad? No luchando contra la oscuridad sino Encendiendo una Luz. Entonces: frente a la muerte no peleemos más con ella. No tenemos nada para ganar en esa pelea. Ya tuvimos suficiente con lo que perdimos. Por lo tanto encendamos luces, encendamos vida. Renazcamos al amor que nunca muere. Aquello que en la vida el amor nos unió, la muerte no lo destruye. Y la prueba y la evidencia, son justamente ustedes. Por eso son, no solamente quienes son, sino que son una parte de la enseñanza y la esperanza espiritual de toda una sociedad que está alienada del amor y de la vida. Y ustedes, en el camino de la muerte y el dolor se transforman en maestros de vida. Ustedes no lo saben, quizá, el valor único que tienen.

A veces estamos necesitados de acompañarnos en el dolor que es muy importante que la sociedad y quienes no están atravesados por esta tragedia, sepan de gente valiosa como ustedes, con coraje apuestan y renacen a la vida. Y renacen desde la muerte. Y eso es producto del amor.

Si tuviéramos mucho más de ustedes (no porque sean buenos), pero son un ejemplo de cómo uno sigue en la vida. Construyendo. Dando a pesar de lo que tienen tanto para reclamar. Entonces en lugar de reclamarle y clamar tienen que volver a poner amor.  Como lo hicieron, vuelvan a hacerlo.

Volver a poner amor. Volver a poner vida. En eso y en ustedes, ellos son eternos.  

Que Dios les de la sabiduría, el coraje, la luz y la visión para poder hacerlo.  

 

Preguntas del público y respuestas del Rabino Bergman:

 

Pregunta: "Nosotros que tuvimos hijos pensamos que nunca más nos va a suceder nada, pero en realidad es que siguen pasando cosas, entonces es muy difícil encontrarle un sentido a la vida cuando el ángel nunca llega a tiempo".

Rabino Sergio Bergman: Nadie tiene garantido nada que en el inventario se haga una línea y diga: "bueno, basta, ya colmó lo malo, ya está todo, ahora no hay más". No, la vida es como si fuera un río. Trae cosas buenas o malas, y lamentablemente, creo yo, aún en mi Fe, que no hay una conexión directa de lo que vos hacés y lo que pasa. No hay sólo premio y castigo. Suceden cosas.

Nosotros que somos seres con conciencia y teóricamente razonables, le queremos construir teoría a lo que sucede y explicar lo que sucede porque tenemos sed de explicación. Por ejemplo: ¿un terremoto se puede explicar? Sí, desde la geología sí. Ahora ¿qué hacías vos en ese terremoto y no estás más? Yo creo que eso no se puede explicar. Te puede pasar, por supuesto, pero qué explicación genial o lógica ¿por qué estabas justamente ahí?

Personalmente creo que nosotros somos arrojados a la existencia, a transcurrir en la existencia y, sucederán las cosas que sucederán. Pero eso no le cambia, ni el sentido, ni el balance, ni positivo, ni negativo a la experiencia subjetiva de lo que es la vida. Porque la vida es de uno. Y es una. En principio de los que tenemos conciencia el balance; como vos decís: lo malo. Pero hay otros que tienen más malo y siguen teniendo cosas malas. Porque vos tendrás una mejor posición relativa ¿si te comparás con quién?; pero uno se compara con uno; está convencido que todo lo que le pasa a uno no es justo, ni corresponde porque no es bueno. Y todo lo bueno que le pasa no alcanza. ¿Por qué merecía todavía más? Ese balance ¿quién lo pone? Nadie. Uno lo va armando en su vida. Hacerlo es un trabajo colectivo. Dicen: voy a compartir. La existencia de ser quedó atomizada en las personas con las que compartimos la vida y amamos. El ser de uno está repartido entre todos aquellos que amamos. No lo podemos dar. No es un archivo. Son archivos emocionales fragmentados. Por eso es tan importante (la tradición judía hace el shibá y hacen la costumbre que durante los primeros siete días se reúnen en la casa de la familia de los deudos y todos van a la casa de los deudos.

Se establece ahí una especie como de familia ampliada. En vez de traer al templo a la gente. Se lleva el templo a la gente. Y ¿por qué es importante? Porque en lugar de llorar y lamentarnos, empezamos a hablar del ser que se fue. Recordando. Bueno, ahora resulta que cuando ustedes escuchan, todos los que están ahí empiezan a contar retazos de la existencia del otro, que uno no conocía sino que, vuelve a rebobinar porque el otro lo registra y, cada uno es espejito de otro aspecto del ser y, esa conversación tiene que ser imitada, porque uno aún cuando fue el par, el hermano, no tiene toda la vida del ser. Qué lindo.

Entonces, aún cuando inicialmente estás doloroso, eso es tan terapéutico y tan necesario, que como ya no lo tenemos físicamente con nosotros, recuperarlos a través de los pedazos de ellos que están en nosotros (su compañero, su gente, aquellos que saben algo de ellos) y que uno puede encontrar acerca de ellos, y vemos fragmentos de su ser. Uno dice: "no, yo no lo quiero hacer porque sufro, me hace re-mal". Es verdad; que nos hace mal es seguro. Pero cuánto hay para trabajar. Cuánto deben hacer. Cuánto queda ahí. Porque no les prestamos atención porque está todo aquí, (en el corazón, en el dolor, en el amor). El amor es un trabajo. Es como un jarrón que se rompió todo añicos. Eso no se arregla más. Es un trabajo como de reconstrucción. Que se agarran pedacitos y con mucha paciencia lo arma. Uno tiene que tener mucho amor por ese jarrón. Sino agarra y lo tira. Pero, cuando la pieza es Única y tan especial para uno, uno no tira ni un pedacito. Junta todo y ve lo que hace. Ve cómo anda. Sabe que no va a restituir la pieza original. No hay recambio ni restitución. Pero hay todo un trabajo de juntar. No en el trabajo del resultado final. En el trabajo de juntar los pedacitos se hace entero un pedazo.

Pregunta: "¿Cómo puedo ayudar al que se con-muere y al que con tanto dolor llega a perder la espiritualidad?"

Rabino Sergio Bergman: Ustedes se pueden imaginar que no tengo ninguna respuesta metodológica pero sí una línea de aproximación. El primer umbral que hay que trabajar para poder ayudar al otro, por supuesto es primero ayudarse uno, si uno primero no se ayuda uno no puede ayudar a nadie. La idea de “Ama a tu prójimo como a ti mismo que se hizo mundialmente famoso a través de las palabras de Jesús.

Como antes les enseñé la máxima "ama a tu prójimo como a tí mismo", qué tiene que ver  que uno no puede amar a otro si uno no se ama a Sí mismo. Y amar a sí mismo no es egoísmo, es veneración, dedicación por lo que uno tiene, a imagen y semejanza de Dios. Y el que no se respete y no se cuide a sí mismo, entonces no puede amar a nadie. Es diferente el ocuparse sólo de uno que amarse a sí mismo. No hay una manera de amarse a sí mismo sin el vínculo con los otros. Entonces  en la re-alimentación entre que yo me interrumpa, ver cómo hago yo para caminar en la vida y convivir con la muerte y no con-morirme yo. Y una manera de poder hacerlo es conectándome con otro y tratando de ayudar. Es mucho más simétrico de lo que uno cree. Yo lo hago por vos y lo hago por mí. Y lo sincero, "yo necesito ayudarte y lo quiero hacer". En la medida que puedo ayudarte me ayudo a mí, porque no estoy sólo, y no sé ni cómo hacerlo.

Ensayar una cosa, estamos perdidos en el mundo y nadie sabe cómo salir. Entonces es muy importante hacerlo en un lugar de simetría, "yo te quiero ayudar y eso me ayuda a mí también, no se exactamente cómo pero compartamos". Compartir, no es bajarle línea. Compartir es "hablemos, querés darte tiempo vení compartamos". A veces uno está mejor, otro está peor y se empiezan a tejer porque ustedes son una comunidad. Una comunidad es una comunión, donde ustedes tienen en común  una tragedia, lo que perdimos pero tienen como fortaleza la unidad. Estar presentes. Nosotros no estamos acostumbrados a estar presentes. La sociedad posmoderna y la vida que llevamos no nos dejan estar presentes, o no aprendimos o no sabemos a estar presentes. Estar presentes, no está en  el cuerpo, está en la cabeza de uno, en el ser de uno.

Ustedes lo pueden ver, como ejemplo, cuando comen. Cuando están comiendo no están en estar comiendo, están con la cabeza en otra cosa, seguro. Están pensando qué van a hacer después, si les queda tiempo, nadie está conectado con lo que come, estar ahí en eso que hacen. La idea de que uno pueda ayudar al otro con la presencia de uno, es dar genuinamente ahí, con el otro. Eso de estar presente habilita el diálogo. Nosotros tampoco estamos acostumbrados al diálogo porque estamos muy bien entrenados a los monólogos intermitentes. Y es que yo tengo que soportar a que vos hables para que pueda volver a hablar yo. Que también es importante ser civilizado; no te voy a tapar la boca todo el tiempo, espero que vos digas algo, alguna cosa no muy sensata ni relevante y después yo retomo lo que tenía para decir, hasta que vea cómo hago para que vos, realmente te aliñes con lo que yo vengo diciendo, porque si encima de decir lo que vengo a decir vos encima no pensás como yo, etc. cambio hasta que alguien finalmente me escuche como corresponde. Escuchar es una presencia,  no es omnipresencia.

Presencia es escuchar y callarse. Presencia es estar disponible, “yo no tengo nada para decirte porque no sé, pero te quiero escuchar, ¿cómo estás hoy?” Pero no cierra, lo deja abierto. Salgamos en la vida, no hablemos, pero salgamos en la Vida. Esas pequeñas cosas…, yo doy ejemplos concretos, son pequeñas cosas reales dónde el otro percibe la presencia de que alguien quiere hacer con uno, algo que es sacarlo del lugar……y se ofrece uno. Un consejo es una buena cosa pero es mejor ofrecerse uno, y ese recurso es único, que el otro sepa que el uno está presente. No es una receta mágica. Es un recurso único hasta que uno empieza este camino que es salir a caminar con el otro. De todo eso restituye lo que hablábamos antes, la presencia de los otros. Ellos ya no están presentes pero se hacen presentes en esas cosas. Que es un entrenamiento, no receta mágica, de inmediato. Disciplina, constancia, ejercicio, paciencia. Hasta que uno empieza este camino que es salir a caminar con el otro. Con el otro que es el que tiene empatía para ayudar. Con el otro que es el ser que falleció y que camina con uno. Entonces uno reemplaza la sombra de la muerte por la compañía, que es que el otro camina con uno. Y no necesariamente porque uno lo pueda agarrar, pero uno siente que va con uno; es como la sombra, no que se hace sombra de peso, no sombra de que nos acosan, sino que es sombra que se proyecta delante de uno. Es como una sombra, por eso nosotros recordamos que los llamamos los ángeles protectores. Ángel es el enviado, es algo divino es aquel que nos acompaña y viene con nosotros. Y acá el término que vamos a emplear nosotros es el invitado. Siempre son invitados ellos. No es sintonizar sólo la presencia a la que estamos acostumbrados, sino que es abrirnos a otra dimensión y saber que están con nosotros. Pero no lo demuestra nadie, salvo el corazón de uno. ¿No es así?...

Efectivamente, yo siento que me acompañan siempre; son ángeles, son guardianes; ellos cuidan el sentido de nuestras vidas y eso nos da fuerza y protección. Es lo mismo que hace la luz. La luz nosotros la encendemos porque los recordamos, el alma se equipara a la luz y el alma es espíritu, la materia es lo que se pierde. La vela se consume pero la luz ilumina. Entonces el desafío es así: encender luces; los que queremos ayudar iluminados por la luz de ellos. Ellos justamente van a encender la luz de nosotros.

Yo les agradezco a todos porque son pacientes y me esperaron y vamos a despedirnos con una oración:

Oración final  

El Señor, mi Pastor, nada nos faltará ahora. Agarra nuestra alma y nos lleva por sendas correctas por el bien de su nombre, aún cuando caminemos en el valle de la sombra de la muerte estará con nosotros.  

Seguramente la bondad y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida y de nuestra muerte cuando habitaremos la casa del Señor para siempre.  

Hemos recordado esta noche, con dolor a aquellos a quien la muerte quitó de nuestro lado. Pertenecen ahora al tesoro de la vida eterna. Son nuestros hijos o hermanos que están en nuestros corazones con todo nuestro amor. Los recordamos ahora con reverencia.  

OH Dios, Tú que no olvidas, te pedimos: ayúdanos a recordar a nuestros seres queridos.  

Ya cuando sale y se pone el sol los recordamos…

Cuando sopla el viento y llega el invierno los recordamos…  

Cuando florecen los capullos y renace la primavera, los recordamos…  

En el azul del cielo y la calidez del verano, los recordamos…  

En el murmullo de las hojas y en la belleza del otoño, los recordamos…  

Cuando estamos cansados y necesitamos fuerza, los recordamos… 

Cuando estamos perdidos y enfermos del corazón, los recordamos...  

Cuando nos alegramos por algo que queremos compartir, los recordamos.  

Porque ellos ahora viven tanto como nosotros. Porque son ahora una parte nuestra porque los recordamos y los amamos. Vivirán tanto como nosotros porque son también una parte tuya en la eternidad.  

Recordamos ir en paz, como ellos descansas en paz y encontremos la paz y el espíritu en la trascendencia del amor que los hace por siempre eternos en cada uno de ustedes.

 

Actividades Lecturas Index Home